viernes, 28 de diciembre de 2012

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Si vas a estar en mi cabeza dando vueltas todo el día,
al menos vistete.

jueves, 6 de diciembre de 2012

ñ

Sin poder quitarme una imagen de la cabeza que ni siquiera he visto.

egoismo

El tiempo pasaba, y pasaba tan lento que hasta dolía. Dolía cada rayo de sol que se colaba por la ventana, dolía cada segundo que se pasaba en esa ciudad , alejada de los suyos, en silencio, o con esa música que su compañera repetía una y otra vez.
Se había pasado los dos últimos meses pensando en ese regreso, en esa ciudad que la esperaba y con la que deseaba reencontrarse. Pensando que lo único que la esperaba allí era felicidad.
Pero ahora todo había cambiado. Una nube gris había inundado la ciudad y era todo menos alegría lo que iba a encontrarse.
Le angustiaba tanto esa situación que había empezado a tener miedo a volver.
Sus sueños se habían vuelto pesadillas.

miércoles, 25 de julio de 2012

última

Me senté al borde de la cama, estaba demasiado mareada como para permanecer tumbada. Pero al reincorporarme deseé no haberlo hecho.


Cunado conseguí enfocar lo que había a mi al rededor me asusté al ver una pierna de maniquí apoyada en la pared. "¿que coño hace esto aquí?" me dije en voz alta.


Me levanté al baño, necesitaba un poco de agua, quería aclararme la cara y las ideas. Al llegar al espejo y ver lo que se reflejaba no puede más que sentir lástima de esa cara que me miraba fijamente con el maquillaje corrido.


Me desnudé y me senté en el plato de la ducha, mientras el agua caía por todo mi cuerpo. Seguí un rato ahí sentada, apoyada en la pared mientras pensaba como, una noche más, había acabado en esa situación y porque habían aparecido tres moratones nuevos en mi cuerpo.


Y como una noche más terminé pensando en ti, ya se estaba convirtiendo en algo rutinario.


Y empecé como otro día más a pensar en todo, en un árbol, un baño, un hasta luego, un rapado, un verano, unas fotos, un festival, unos anillos.... y de tanto darle vueltas a las cosas terminé mareándome, y ya no era por el alcohol que había bebido.

Y terminé pensando en lo triste de una despedida, sin un polvo, un beso o un simple abrazo


Mareada y con la boca seca, con sabor al ron barato que había estado bebiendo toda esa semana, me volví a tumbar en la cama y me prometí a mi misma que esta sería la ultima vez que te pensaría.

viernes, 6 de julio de 2012

lunes, 2 de julio de 2012

cuentos

Una vez me contaron que hay personas que mienten tanto que acaban creyendo en sus propias mentiras. Entonces pensé que si sonreía muchas veces al día acabaría creyendo en mi propia felicidad.

jueves, 28 de junio de 2012

encerrados en la nostalgia

Voy a alejarme, ayer de nuevo desperté tarde
creo que desde el Martes la muerte viene a buscarme
y fue que dije: “Oh Dios, quiero ser libre”,
y él bajo y me dijo: “hijo, elige tu el calibre”

miércoles, 27 de junio de 2012

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No quería pararme a pensar ni entender nada, no quería buscar explicaciones, no quería juzgar ni entender, porque cuando me paraba a pensar me acababa doliendo la cabeza. Y no me gusta que me duela la cabeza.

1 2 3

Habitábamos en un mundo compartido. Jugábamos a ser una, intentando engañar al resto.
Pero los fines de semana nos delataban. Igual era el alcohol, las ganas de particularidad que llevabamos días arrastrando o simplemente que estabamos cansadas de fingir.
Jugábamos a ser una, pero en realidad éramos más, muchos más.

martes, 26 de junio de 2012

(me) quieres? cap. 4


 Reía con las bromas, opinaba sobre las cosas pero realmente no estaba allí, mi cabeza no estaba allí, no podía evitar darle vueltas a todo.

-¿Estas bien?-dijo Rubén mientras ponía su mano en mi pierna- te veo un poco ida.

-Si, si, es que llevo unos días un poco moviditos- dije mientras le sonreía y tocaba su mano

- Bueno, pues para eso estás aquí, para dejar de pensar cosas- dijo a la vez que se aproximaba a mi cara.

Veía como me miraba, sabía perfectamente cuál era su intención, así que disimuladamente me reincorporé un poco alejándome de él.

Había hecho demasiadas tonterías en los últimos seis meses. Había tratado a la gente como quería pensando sólo en mí, sin importarme los sentimientos del resto. Pero estaba convencida de que mi problema iba más allá del puro egoísmo. Era como si inconscientemente autodestruyese todo lo bueno que había a mi alrededor, como si me impidiese a mi misma ser feliz, o que las cosas me saliesen bien. Era algo dentro de mí con lo que no estaba a gusto y lo solucionaba evadiéndome de todo y destruyendo mi propia vida lo que me dejaba cada vez más a disgusto. Un circulo vicioso vamos.

De repente sonó mi móvil, me había llegado un mensaje. Lo cogí rápidamente muy ilusionada pensando que podría ser ella, diciéndome que quería hablar conmigo. Pero me llevé una gran decepción, era un sms de mi madre.

Cariño, ¿estas bien? Llevas dos días sin pasar por casa. Sólo quería saber como estabas. Un beso, te quiere. Mamá”

Me mosqueé. Me molestaba mucho recibir mensajes de mi madre. Me devolvían a la realidad, me recordaba que existían muchos más problemas a parte de los míos. Me hacía sentirme egoísta y que por momentos me diese asco a mi misma.

Mi madre era una mujer alegre. Si, alegre es el adjetivo perfecto para definirla. Una mujer siempre sonriente, que daba la impresión que todo podría pasarla y que jamás quitaría su sonrisa. Una mujer que nunca gritaba, con unas formas de estar excepcionales y bastante envidiables, siempre arreglada y perfecta. Pero le faltaba algo. Era como si no tuviese motivaciones, como si nada hiciese los días diferentes. Se había resignado con la vida que le había tocado vivir y había decidido ponerle una sonrisa.

Cogí el móvil y borré su mensaje. No sabía que contestar, no me había puesto a pensar si estaba bien o mal. Harta de estar tan pendiente del móvil decidí apagarlo.

-¿El baño sigue estropeado o habéis decidido arreglarlo?- le pregunté mientras sentía como mi vejiga iba a explotar.

-Si, ya si. Al fondo a la derecha, como en las películas.

Me levanté y enseguida empecé a notar en la cabeza los primeros síntomas de lo que me estaba tomando. Rubén divertido con mi cara se empezó a reír. Yo, por mi parte, le dediqué un corte de manga que se tomo muy bien.

Cuando llegué a la puerta me di cuenta de que estaba ocupado. No he sido nunca una persona demasiado asquerosita ni escrupulosa, pero pensar en la cantidad de culos que pasaban por ese baño me producía arcadas.

Pero me hacía demasiado pis y entre el cansancio acumulado y la cantidad de cosas que me habían pasado los últimos dos días necesitaba relajarme y mojarme la nuca. Mojarme la nuca, era justo lo que necesitaba. No se dónde lo había leído por primera vez, pero cada vez que sentía un mal interior, fuese del tipo que fuese, recurría a esto. Supongo que tenía más parte psicológica que otra cosa, pero a mi me servía siempre.

Después de mojarme la nuca y auto engañarme de que todo así se había solucionado volví a la habitación.

Alexander


Me pidieron que pensase en la mejor anécdota que había vivido contigo, al principio pensé que lo tenía súper fácil y claro. Casi 18 años juntos dan para un montón de cosas, pero entonces se me planteó el problema de cual de todas ellas elegir.

Lo que primero se me vino a la cabeza era el interrail y todas las peculiaridades que tuvo ese viaje. Desde la noche durmiendo en la calle en Francia hasta la plaza y los cánticos de Roma.

Luego pensé que bachillerato había dado también muy buenos momentos recordables. Como cuando te negabas a sentarte en primera fila y te venías al final con el resto de la clase, o cuando se te enganchó la cadena con el pirsing o los millones de vaciles a Oscar.

Pensando esto no pude evitar acordarme de las miles de noches que hemos salido de fiesta y de nuestros viajes, y a pesar de estar con mucha más gente y compartir momentos y risas con todos, hemos tenido nuestras anécdotas particulares, como en Mallorca dónde hablamos durante dos horas de como se desabrochaba un sujetador.

Y claro pensando esto no pude evitar acordarme de nuestra adolescencia. De nuestras primeras tardes en el callejón, nuestras salidas a la dehesa y de las conversaciones en los bancos que teníamos Pola, Quique, Diz tu y yo; de la forma de ver la vida que teníamos en ese momento y de lo inseparables que éramos.

Y como se ve que tenía tiempo seguí recordando y me acordé de Orfe, de nuestros hermanos jugando juntos, de como al volver del colegio siempre íbamos a por una bolita de pan y a por un caramelo. De la primera vez que me quedé a dormir fuera de casa en tus literas y de cuando me regalaste uno de los power rangers que tenías en tu baño (el rosa, que era el que menos te gustaba).

Después de estar todo este tiempo recordando todos nuestros viajes, nuestros días en el Decroly, nuestras salidas por la noche, nuestras conversaciones, nuestras risas, en definitiva todo lo que hemos vivido juntos lo que más feliz me hace es recordar cuando nuestros hermanos eran súper amigos y querían que nosotros nos casáramos para poder ser todos una  familia y entonces nosotros nos empezamos a dividir las tareas de la casa, tú fregarías y lavarías y yo haría la comida (lentejas o filetes)

Después de tantos años ha habido muchas cosas que han cambiado, amistades que juramos infinitas no lo eran tanto. Problemas que parecían insolubles terminaron arreglándose de la forma más sencilla.

A los que dicen que la historia se repite tendremos que preguntarles como, si tenemos oportunidad, repetiremos la nuestra.







Aiala

domingo, 24 de junio de 2012

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Y aún con lágrimas en los ojos te pido que me olviodes, que des tu el paso que no me atrevo a dar. Que seas tu la que por las dos deje todo esto atrás. Marchate lejos, dime qu me odias mirandome a los ojos. Llevate todo y dejame, por fin, respirar.

sábado, 16 de junio de 2012

noches sin dormir

"Te quiero" le digo, y en realidad no se porque, hace tiempo que ha dejado de prestar atención a la conversación que tenemos. Y no entiendo a que vienen entonces sus "buenas noches te quiero". Y me pregunto si me quiso alguna vez, y si lo hizo cuando dejó de hacerlo y no tengo que pensar mucho para encontrar la respuesta. Y entonces me digo a mi misma que si ella se engaña porque no voy hacerlo yo.
Y te quiero, y no, esto no es un engaño.

miércoles, 13 de junio de 2012

(me) quieres? cap3


-¿Por qué le has dicho que me quedaba a dormir?-le dije de repente algo enfadada.

-Sabes lo que siente Rubén por ti, se ha puesto súper contento cuando se lo he dicho-dijo ella riéndose.

-Por eso mismo, no tengo un día para tonterías- yo seguía enfadada

-Mira tía, o cambias esa cara o voy a terminar pegándote una ostia- dijo ella mientras se le borraba la sonrisa de la cara.

Miré al suelo. No me gustaba que se enfadara conmigo y menos cuando sabía que tenía razón. Sabía que tenía que cambiar mi actitud, “la pena dura lo que quieras tu seguir llorando” había escuchado una vez en una canción. Siempre me ha gustado apuntarme en cuadernos las frases de canciones, libros o carteles que me gustan y leerlas y releerlas y adaptarlas a mi forma de vida. Siento que así, en cierta medida, podré echarle la culpa a algo cada vez que me equivoque.

Cogí entonces el móvil y escribí “ a pesar de todo te sigo queriendo”, estaba a punto de darla a enviar cuando rápidamente me quitó el móvil de las manos.

-¿No le estas escribiendo no?- dijo mientras miraba la pantalla violando mi intimidad.

-No seas idiota y devuélveme el móvil- estaba molesta, por una vez que me había decidido a escribirla, no me gustaba lo que estaba haciendo.

-¿La quieres?-me preguntó entonces muy seria.

-Si, la quiero- tenía serias dudas sobre lo que acababa de salir de mi boca.

-¿Y ella, te quiere?- dijo manteniendo esa seriedad que era muy rara en ella.

-Eso dice-seguía sin estar convencida.

-¿Entonces?

-No me gusta los apéndices que lleva pegados.



No estaba segura de si la quería, nunca he estado segura realmente de si yo había desarrollado ese sentimiento. Dicen que cuando te pones a pensar en si quieres a alguien has dejado de quererle para siempre. Pero de lo que si estaba segura era del daño que me había hecho, y no podía evitar pensar que un día llegaría y me diría la tipica cursilada de película americana de “si te quiero muchísimo, si no puedo vivir sin ti, si el intento de hacerlo ha sido la peor experiencia de mi vida”. Pero ese día nunca llegaría y yo me quedaría así, esperando.

Supongo que era, en cierta medida, lo que me merecía. Nunca había sido una persona muy cariñosa, ni apegada a la gente, no me gustaba tener pareja, más bien al contrario. Me encargaba de utilizar y reutilizar a las personas que se me acercaban, hasta que ellas se cansaban de mi o yo de ellas. No le hacía ascos a nada, tíos, tías y todo a la vez.

Este caos que había en mi vida sentimental se reflejaba en el caos absoluto que me acompañaba siempre en todo lo que hacía.

Supongo que todo esto tenía su origen en lo más profundo de mi infancia, en la cual no había recibido demasiado cariño ni muestras de afecto por partes de mis familiares, aunque tampoco es que las echase de menos. Vivía con mi madre y mis dos hermanos, mi padre se había ido con otra mujer, al principio yo no es que notase demasiado su falta. Era un hombre que se pasaba las horas, diciendo que trabajaba, fuera de casa y cuando estaba en casa tampoco se notaba demasiado su presencia, o dormía o veía la televisión.

No es que odiase a mi padre por haberse marchado, entiendo que no pudiese soportar la situación en la que vivía, yo tampoco lo hacía, pero me molestaba que él si que hubiese sido capaz de lanzarse a hacerlo, que se me hubiese adelantado.

Rubén volvió abrir la puerta. Traía consigo una bolsa llenas de cervezas que me ofreció amablemente. Cogí un par y me levanté con la bolsa en la mano para meter el resto en la nevera. Al salir me encontré de cara con Julia, una chica bastante colgada, consumía demasiado para lo joven que era. Sus padres la habían echado de casa y se pasaba los días pululando por ahí. Había encontrado esta casa y llevaba ya una semana viviendo ahí, una semana en la cual le había dado tiempo a enamorarse perdidamente de ella, sentía tanto amor que ya resultaba enfermizo.

Pero eso no era nada nuevo. Ella enamoraba a las personas con sólo hablarlas, era un don que yo había intentado aprender, pero que no conseguía perfeccionar, me funcionaba muy pocas veces.

-¿está dentro?- me preguntó Julia muy pendiente de mi respuesta

-Si claro, estamos tomando algo, únete a nosotros-dije mientras me dirigía a la nevera a dejar las cosas.

Ella sonriente abrió la puerta y entró. YO sabía que no le caía bien, como a ninguna de sus amantes les caía bien. Supongo que no entendían la amistad que teníamos, había veces que yo misma tampoco la entendía, sería porque yo no tenía muchos amigos, colegas miles, pero no amigos.

Entre detrás de ella en la habitación. Julia se había sentado en el suelo cerca de ella. Yo ocupé el sitio de antes, mi sitio.

miércoles, 6 de junio de 2012

...


El tiempo fluye por una línea que se desvanece detrás de quien ha dejado de ser amado por los hombres, o por los dioses, o por la vida. La literatura lo ha expresado tantas veces como ha relatado la expulsión del paraíso en el Genesis. " Des queremos el engaño y queremos dar la vuelta no hay lugar" decía Manrique.

En el dolor que ha ocasionado el abandono del amado el tiempo es el único coherente. Siempre avanza, por más que el dolor da a veces la sensación de que se ha detenido, con todo su peso sobre las zonas sensibles del abandonado.

No hay retorno, "ya he dicho que tras el dolo siempre hay dolor" (Oscar Wilde)

martes, 5 de junio de 2012

intentos fallidos

"intento entenderte" me susurra al oído.
Pero se que no puede y admiro su esfuerzo.
"gracias..." le contesto.
Y entonces me mira, con esa cara de amor llena de odio, y yo, yo me arrepiento de haber abierto la boca.

sábado, 2 de junio de 2012

(me) quieres? cap.2


Llamaron a la puerta, se abrió, apareció la cabeza de Rubén tímidamente.


-Hola, pasa- dijo indicándole que entrase- ya le he comentado que te quedas a dormir- me dijo a mi mirándome con sonrisa cómplice.


-Ah ¿si? No sabía yo eso.


- Si anda, no seas tonta-dijo Rubén sentándose a mi lado.


Siempre se sentaba a mi lado. No voy a negar que me halagara la atención que me mostraba, pero no quería entender que no iba más allá de eso. Además ese día no estaba de humor.


Me reincorporé un tanto incómoda de su presencia tan cerca. Nunca he sido una persona reacia al contacto físico, más bien al contrario, me gustaba tocar a la gente con la que hablaba, era una muestra de cercanía, pero ese día estaba algo molesta por la invasión tan repentina de mi espacio.


Rubén y yo nos conocíamos desde hacía un tiempo, unos tres meses o así. Ella nos había presentado un día de fiesta estando ambos bastante alterados. Desde el primer momento nos habíamos llevado bien, y se notaba que entre nosotros había una atracción rara. Por eso más de un día tonto habíamos hecho más de una tontería. Pero como ya he dicho, para mi no iba más allá de eso.


-¿Quieres tomar algo? Tenemos cali-dijo Rubén siempre sonriéndome


-Ya sabes que no me gusta el vino. ¿No tenéis una cerveza?- contesté animándome un poco.


-No, pero si quieres bajo en un segundo al chino.


-No, da igual-dije yo- tampoco quiero estar mucho tiempo.


-Si anda, baja Rubén, así tenemos excusa para que se quede con nosotros-dijo ella mientras le daba unas caladas al canuto que tenía en la mano.


Rubén se levantó, salió del cuarto no sin antes volverse y dedicarme una sonrisa. Un sonrisa preciosa, especial para mi, pero que no me transmitía nada. Le respondí con otra sonrisa, completamente vacía de sentimiento, pero que debió bastarle, porque se dió la vuelta y salió de la casa.


La casa estaba en medio del barrio de Malasaña, en una de esas calles que se llaman pez, flor o ñoñerías del estilo. Era un edificio muy viejo, de estos que terminan reformando entero, con techos altos y puertas grandes. En un barrio algo festivo y con mucho ambiente juvenil. Un lugar perfecto dónde tener una casa compartida con amigos, dónde acabábamos o empezábamos todos cada noche.


Las calles que rodeaban la casa eran como casi todas las del centro de Madrid. Llenas de tiendas de “todo a cien”, de chinos, lugares dónde podías comprar a todas horas kebabs o pizza y gente, siempre gente paseando por ellas.


Yo vivía en un barrio bastante distinto, un barrio burgués, por definirlo de alguna manera. Un barrio en el que sólo había viejos o padres con hijos recién emancipados y los domingos nietos, niños pequeños que no paraban de correr por todos lados a la vez que chillaban y ensuciaban. Niños que tiene esa gran capacidad de hacer tres o más cosa a la vez, capacidad que perderán a medida que vayan creciendo.


Pero me gustaba mi barrio, había vivido toda mi vida consciente ahí y me encantaba. Sabías que el único peligro era el vecino de 70 años del octavo, que estaba un poco loco, y si le pillabas en un mal día podías ser atacado por una cacerola.


Al irse Rubén nos habíamos quedado otra vez solas. No solía gustarme quedarme a solas con la gente, me molestaban los silencios incómodos. Esos silencios que la gente se empeña en romper para llenarlos con frases banales. Como cuando subes en el ascensor, la gente tiene pánico a estar en silencio el tiempo que tarda en llegar a su casa e insiste en iniciar conversaciones estúpidas sobre el tiempo o lo bien y rápido que has crecido. Por eso, entre otras cosas, no cogía nunca el ascensor.

vida


Supongo que todo en la vida tiene sus fases, incluso la vida misma las tiene. Aquellos momentos en los que todo parece un sueño, todo es perfecto y mágico y vives caminando de puntillas, evitando que nada te toque ni roce, para evitar que te despierte. Y otros en los que sólo ves la mierda que te rodea, que cada día va comiéndote más y más y aunque te golpees, cada vez con más fuerza, solo consigues que ese pequeño reguero de sangre que escapa de tu boca te demuestre que estas despierto, vivo, y que esta es tu puta vida.

miércoles, 11 de enero de 2012

ÍNDICE

Clase:

Creaciones:


Inspiraciones:


Reflexiones:

(me) Quieres?

Capítulo 1






-¿Hola?- Contestó al telefonillo
-Soy yo, ¿estas ocupada?. Necesitaba hablar con alguien y eres la que más cerca vive-dije desde la calle
-No pongas excusas para verme-dijo entre carcajadas
-Lo digo enserio idiota, estoy en crisis
-Venga, no seas subnormal y sube.


Me abrió la puerta, subí andando los 5 pisos que me llevaban a su casa. Nunca me han gustado los ascensores y menos los de casas tan antiguas.
Entré en su casa, estaba igual que todos los días que había ido. Ropa tendida por cualquier lugar, mucha gente desconocida, no muy desordenada ni sucia, menos la cocina. La famosa cocina que nadie se atrevía a pisar por miedo a quedarse pegado.


-No traes buena cara ¿No te has maquillado?-dijo mientras me hacía un examen exhaustivo- Sueles estar más guapa sin maquillar, pero hoy no es tu día.
-Que gilipollas eres
-Bueno, entra en mi cuarto, estaremos más tranquilas. Además me estaba preparando algo, igual te apetece.


Pasamos a su cuarto y cerró la puerta tras de sí. Había cambiado las cosas de lugar, ¡cómo le encantaba hacerlo! Su habitación no era muy grande, pero siempre me había sentido bien en ella. Me senté en la cama. Miré la mesa y vi lo que se había estado preparando.


-Tía, ¿ya estas otra vez?- se notaba el enfado en mi voz-Si estamos a martes.
-¿Qué diferencia hay entre un martes y un viernes cuando no tienes nada por lo que vivir?
-No te pongas trascendental como siempre, enserio, ¿cuándo vas a dejar esta mierda? ¿No ves que no conduce a nada?
-Nada conduce a nada. Sólo la vida tiene un final y es la muerte-dijo dándome uno de sus discursitos


No puede evitar sonreír. Habíamos tenido tantas veces esa conversión que ya nos sabíamos el diálogo de memoria.


-Además, pensábamos salir un rato, o simplemente divertirnos ¿Quieres?- dijo ofreciéndome la bolsita que tenía en la mano- Te pongo una en un momento.
-No, hoy no estoy de humor- dije mirando al suelo
-Joder... que rara estás últimamente. A ver, ¿A tí que te pasa?
-Pufff... No tengo ganas de hablar de eso ahora-seguía mirando al suelo
-¿Prefieres disfrutar del silencio? Como quieras- dijo guardándose lo que me había enseñado en el bolsillo.


Se dio la vuelta con la silla, se inclinó hacia la mesa y aspiró. Nunca me había gustado ver a la gente haciendo eso y menos a ella. Sentía como en cada gramo de polvo se le escapaba la vida.
Había cambiado mucho desde que consumía. Pero yo no podía decirle nada, en cierta parte me sentía muy culpable. No se muy bien quién había incitado a quién la primera vez, pero estaba claro que a ella se le había ido de las manos.
Se volvió a girar hacia mi hacienco ese sonido que tanto me molestaba, que hacía siempre que se metía una ralla. Odio tanto ese sonido.. Me recuerda a cuando vas al cine y se te sienta una persona constipada al lado que no sabe de la existencia de los Klinex.
El sonido y su cara, características que nunca fallaban en ella. Esos ojos brillantes, la nariz ligeramente enrojecida y esas sonrisa, perfecta, desecajada.
Había visto tantas veces este acto que siempre me decía a mi misma que estaba acostumbrada, pero nunca podía evitar el malestar asqueroso que me producía verlo.


-¿De verdad que no quieres? Es de las mejores que he probado en mucho tiempo- dijo insistiéndome otra vez- Eso si. te deja comiendo techo todo el día siguiente.
-¿No te has planteado pausar esto un poco? ¿No ves que has superado el límite?- no podía evitar que me saliese la vena maternal
-¿Vas a darme otra vez la charla?
-No, estoy cansada de repetir siempre lo mismo-si, lo estaba.


Me sonrió entonces con su cara, esa cara que siempre me ha encantado y que ella conoce perfectamente. Su sonrisa perfecta siempre ha sido mi debilidad, te da la sensación de tranquilidad, de paz, como si nada hubiese cambiado desde el día lluvioso y frío que nos conocimos. Pero su sonrisa miente, y miente tanto que me da asco.
Siguió mirándome, estuvimos un rato así, mirándonos.


-Dios, esta mierda es demasiado buena- dijo mientras empezaba a notar los efectos de lo que se había tomado
-Guárdame algo para el jueves que sabes que salimos
-¿Sales al final?
-Si, claro, te lo llevo diciendo un tiempo- me molestaba que nunca prestase demasiada atención a mis frases
-Es que no se, como llevas rarísima todos estos días... ¿Vas a decirme ya lo que te pasa?


Se abrió entonces la puerta. En esa casa siempre pasaba lo mismo. Daba igual que estuvieses follando, charlando con alguien o simplemente durmiendo, sabías que no ibas a estar más de 40 minutos con la puerta cerrada. No conocían el concepto de intimidad.
Apareció por la puerta un chico delgado, no muy alto y con el pelo bastante sucio. Yo no lo conocía. Podía ser amigo suyo, o amigo de su compañero de piso o amigo de un amigo del amigo. En esa casa daba igual, si sabías hablar o podías comunicarte con la gente aunque fuese por señas, estabas completamente invitado a quedarte, además, el tiempo que quisieses.
Por eso, entre otras cosas, me gustaba tanto esa casa, todo el mundo te recibía con los brazos abiertos, y jamás podías sentirte sólo.


El chico pidió entonces algo que no entendí muy bien. No vocalizaba demasiado. Ella se levantó de la silla se acercó al armario y sacó una caja de cartón, de estas de zapatos, y le preguntó que cuanto quería. El chico después de mirarme a mí durante unos segundos le contestó algo muy bajito que no alcancé a escuchar.
Sacó ella un trozo de hachís e hicieron entonces un intercambio justo para ambas partes.  El chico salió contento de la habitación y cerró la puerta.


Nos volvimos a quedar solas. Me gustaba pasar tiempo con ella, sentía que la conocía de toda la vida. Nuestra relación había pasado por muchas etapas, habíamos vivido demasiadas cosas juntas y la mayoría de ellas no muy buenas a ojos de la gente de nuestro alrededor, de la gente que decía querernos y buscar sólo nuestro bien.
Habíamos superado hacía ya mucho tiempo esa atracción física que habíamos sentido al conocernos. Esos momentos de pura pasión y lujuria que nos habían llevado a ambas, al principio de la mano, por un camino desconocido y nada fácil. Pero esa relación rara y dañina, sobre todo para mí, debido a la obsesión que sentía siempre por las cosas que me gustaban, había quedado atrás.
Lo que había ahora era una amistad, rara, pero increíble. Sentía una conexión con ella nada normal, era como si fuese una prolongación de mí. Aunque éramos personas bastante distintas teníamos una gran capacidad para ponernos en la piel de la otra y de comprendernos perfectamente.






Texto: Aiala Belzunegui

Mientras dormimos

Donde antes crecian arboles ahora crece el cemento, ahora crecen lxs niñxs rodeadxs de muros, encerradxs en los patios de los colegios que lxs enseñan a curarse a base de pastillas, a pasar por encima del resto para sentirse superiores a sus semejantes. Hasta el dia que traguen el espectáculo o que se unan a nosotrxs en la caza por la libertad y lo salvaje, en la búsqueda de nosotrxs y del tiempo que nos han quitado. En el abismo de los barbaros las hogueras arden cada vez con mas fuerza.


Solidaridad femenina en la película Todo sobre mi madre

INTRODUCCIÓN

Todo sobre mi madre es el decimotercer largometraje del director manchego Pedro Almodóvar. Estrenada en 1999, es para muchos críticos su obra maestra, galardonada con numerosos premios como el Oscar de Hollywood (mejor película extranjera), Festival Internacional de Cine de Cannes (mejor director) , Premio Goya (mejor director, mejor película, mejor actriz: Cecilia Roth, mejor sonido, mejor música original, mejor montaje) y numerosos premios más.

El título de este largometraje es un homenaje a Joseph L. Mankiewicz y su película Eva al desnudo (All about Eve) de 1950. No en vano la historia comienza con Manuela y su hijo Esteban cenando en su casa mientras ven en la televisión esta película, esto hará que Esteban imite al personaje de Eva Harrington y espere a su ídolo, Huma Rojo, en las puertas del teatro, al final de su representación. No es el único guiño a Eva al desnudo, Manuela, como Eva, terminará convirtiéndose en la asistenta de Huma, para finalmente remplazarla en la representación de la obra.

"Manuela representa a las actrices que hay en todas las mujeres, un pensamiento que Almodóvar expresa en el press book de la película:

'Mi idea al principio fue hacer una película sobre la capacidad de actuar de determinadas personas que no son actores. De niño yo recuerdo haber visto esta cualidad en las mujeres de mi familia. Fingían más y mejor que los hombres. Y a base de mentiras conseguían evitar más de una tragedia'"[1]


CONSTANTES
En las películas de Almodóvar son frecuentes el manejo de diferentes roles entre los personajes femeninos, el director parece que no introduce grandes novedades en lo que es la sociología tradicional de la mujer. Sus principales personajes son madres, mujeres dedicadas a profesiones de mal vivir, religiosas y otras actividades que podríamos denominar clásicas. Sin embargo su novedad psicológica es que las madres, pese a serlo, combinan sus caracteres básicos con otros poco convencionales.

La mayoría de sus personajes habituales son individuos condenados a la marginación de la sociedad: homosexuales, putas, yonquis, policías machistas, amas de casa, camellos, etc. Seres que aunque no estén aceptados por la sociedad comparten sus pasiones, problemas y deseos. Almodóvar ni los juzga ni los compadece, simplemente los representa como parte del mundo.
“Yo reivindico la libertad de autodestruirse. También reivindico el derecho a dejar de drogarse, me refiero a la heroína. En lugar de utilizar la droga de manera reaccionaria, como se está haciendo, deberían proporcionar los medios para que el que la quiera dejar, la deje”[2]
El director no siente ningún pudor en hablar de temas que podrían considerarse tabú, no sólo en sus inicios, en los años 80, sino también en la actualidad. Los travestidos y transexuales son comunes en sus films y el sexo esta patente en casi todas sus películas. Desde sus inicios como director, Almodóvar reclama el derecho a disfrutar del propio cuerpo sin miedo.
La figura de la madre es muy importante para Almodóvar. En sus obras podemos encontrarnos numerosas figuras de madres y, sin embargo, escasas figuras de padres y estos, poco relevantes, el padre es el gran ausente. Esto puede entenderse porque su mundo ha sido siempre más femenino, convivía con sus padres y hermanas, pero su padre no pasaba mucho tiempo en casa, por ello se crió casi sólo con mujeres, teniendo como figura principal a su madre. Esto se refleja en sus obras, en las que salen representadas muchas veces y siempre con un papel importante.
Dentro de Todo sobre mi madre hayamos muchos de sus “tópicos”. Podemos encontrarnos representada a la madre, en el personaje de Manuela, la protagonista, una mujer afectuosa y amable, madre soltera, que vive en Madrid con su hijo Esteban, al cual le oculta un gran secreto, quién es su padre. Terminará siendo una mujer destruida por la pérdida de su único hijo y partiendo entonces en la búsqueda de su padre.
Encontramos también al homosexual, representada por Marisa Paredes haciendo el papel de Huma Rojo, lesbiana desgraciada en amores. Una mujer neurótica y desesperada por encontrar el amor de la joven actriz que actúa en el teatro con ella, Nina, la cual es una mujer borde y desconfiada, que está enganchada a la heroína.
También en esta obra aparecen las figuras de transexuales, concretamente dos personajes, estará Lola (el antiguo Esteban), marido de Manuela y padre del joven Esteban y, Agrado, una mujer extrovertida y sin pelos en la lengua cuyo oficio es la prostitución. Amiga en la juventud de Manuela con la que se reencontrará años después en Barcelona.
Como último personaje principal femenino Almodóvar elige a Rosa, una monja de la caridad, guapa y de buena familia, bondadosa y delicada, que se encargará de ayudar a las prostitutas. Un papel representado por Penélope Cruz, en su primer trabajo con el director. No es la primera vez que Almodóvar elige a monjas y que estas no tienen el rol típico de una religiosa. No hay más que pensar en sor Rata y sor Estiércol de Laberinto de pasiones.[3]
La película está guiada por los diferentes deseos de los personajes, todo el mundo desea algo o a alguien. El inicio de la obra nos muestra a un joven Esteban que ansía sobre todas las cosas convertirse en escritor y conseguir un autógrafo de Huma Rojo, Manuela, su madre, anhela ser actriz, y Huma Rojo, por su parte, desea el amor de la joven Nina, que está más interesada en la droga.
Estos deseos van cambiando a lo largo de la película. El primer punto de giro, la muerte de Esteban, hace que la vida de Manuela cambie por completo. Deja de interesarse por su propia existencia y se convierte en una persona obsesionada por saber quién lleva el corazón de su hijo. Más tarde su deseo vuelve a cambiar, cuando viaja a Barcelona para encontrar al padre de su hijo, Lola (Esteban), y decirle éste ha muerto.
Agrado desea dejar las calles y ser reconocida como mujer aunque ella misma afirma “a los hombres les gusta que tengamos tetas y una buena polla”. Rosa a su vez busca ayudar a los más desfavorecidos, centrándose y volcándose tanto en su trabajo que terminará acostándose con Lola (Esteban), adquiriendo dos características muy poco recomendables para una monja, infectada de VIH y embarazada.
Todo sobre mi madre nos enseña que hay mucho más allá detrás de los personajes, que hay que aprender a leer entre líneas. Todos estos personajes que tendrán deseos muy marcados parecen fingir sus propias vidas, se crean identidades o armaduras invisibles para ocultar su realidad, utilizando la mentira como mecanismo de defensa y de supervivencia.
“Todas estas mujeres tienen además una relación muy especial con el espejo, y no por vanidad, o no solo. Ellas rechazan la imagen que les devuelve el espejo, porque también les devuelve su imagen interior, sus dobleces y sus miedos”[4]
Las mentiras o los secretos que todas ocultan, en la medida que van tejiendo la relaciones,  van encontrando vías, si no de solución, si de terapia emocional.
Manuela nada más llegar a Barcelona no le cuenta a nadie el motivo de su visita, ni que ha perdido un hijo. Agrado que parece la alegría de la huerta y la más extrovertida esconde su imposibilidad de ser feliz,  convirtiéndose en una mujer de verdad, ya que vive de su cuerpo “ambiguo”.
Rosa, dedicada a los demás por la falta de atención de su madre, siente miedo al quedarse embarazada, esconde su angustia, viendo como única solución pasar esos meses de gestación en El  Salvador, como misionera.
Huma sufre mal de amores, enamorada de Nina, no comparte con nadie su mayor carga, su novia es drogadicta y es incapaz de plantearse ningún compromiso.
Todos estos personajes que en un inicio no tienen nada en común terminarán juntándose, en una singular solidaridad femenina para resistir la realidad, los golpes que les da la vida. Y aunque no consiguen sus deseos, el consuelo que obtienen al relatarse sus angustias entre ellas, palia gran parte de la frustración que sienten.
LA URDIMBRE DRAMÁTICA
La habilidad de Almodóvar es ese azar dirigido a que todos los personajes terminen cruzando sus caminos, y no sólo de paso, si no apoyándose unas en otras, compartiendo sus miserias como si así la vida fuese más fácil.
El cruce de Agrado y Manuela es fortuito, esta última va a Barcelona a encontrarse con Lola, buscándola a las afueras de la ciudad, en una zona de prostitución. Allí, de casualidad, salvará a Agrado de una agresión, esta agradecida y contenta de ver a su amiga después de muchos años la lleva a su casa y al día siguiente le presentará a Rosa. La monja, dedicada a sacar prostitutas de la calle, confundiendo a Manuela con una de ellas, le buscará primero un trabajo en la casa de su madre y más tarde será Manuela quien ayudará a Rosa acogiéndola en su casa el tiempo que dura el embarazo.
El camino de Huma y Manuela se cruza desde el inicio de la película. Esta intersección es la que provoca la historia. Manuela obsesionada con la obra Un tranvía llamado Deseo, que ha marcado su vida, primero porque representándola conoció al padre de su hijo Esteban y segundo porque la última vez que la vio perdió a su hijo, acudirá en Barcelona a ver la obra de Tenesse Williams una y otra vez. Acercándose a conocer a la actriz, Huma, es también por azar, cuando descubre el mayor tormento del personaje que representa Marisa Paredes y se entreteje  entre amabas otra relación de verdades a medias.
Manuela será la que irá conociendo los lados oscuros de todos los personajes. Ante la pérdida brutal de su hijo, terminará adoptando el papel de madre de todas ellas, apoyándolas y guardando sus secretos.
“Cada personaje femenino va depositando su historia más íntima en otro, con una naturalidad que ilustra la propia obra de teatro incluida en la narración; la frase de Blanche “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”[5]
Esta complicidad entre personajes, esta ansia de evadirse por un momento de lo que les atormenta, se muestra muy bien en dos conversaciones que mantienen las cuatro en la casa de Manuela.

MANUELA (a Rosa): Ven, siéntate aquí y deja de moverte.

HUMA (refiriéndose a Rosa): ¿Qué le pasa exactamente?
ROSA: Un accidente.
HUMA: Ah, ¿De qué tipo?
ROSA: Uyy...
MANUELA (interrumpiendo a ROSA): Uy ¿por qué no se me había ocurrido antes? Agrado podía ocupar mi puesto.
ROSA:Claro
HUMA: ¿Agrado es a la que no querías abrir la puerta?
MANUELA: Bueno, esas son cosas nuestras, pero para tí es ideal.

HUMA pone cara de no entender nada.
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Sigue la reunión y ya han bebido varias botellas de cava
ROSA: A mi Prada me parece ideal para monja
HUMA: Mi problema es que como me sienta todo tan bien, soy muy ecléctica

MANUELA: ¿Sabes que me han salido sabañones desde que estoy en Barcelona?

HUMA: A ¿si? Pues mi madre tenía una recta para...
AGRADO: ¿Quieres que vaya a por mas? (refiriéndose al alcohol)
HUMA:  Me encantaría...pero ¿dónde está el baño?
HUMA se levanta y AGRADO se sienta JUNTO A MANUELA  y ROSA

AGRADO: Me tendreís  que poner al día de lo que está pasando en esta casa, que ni que fuera una extraña
MANUELA: mañana te lo cuento

ROSA: No le digas nada, que esta no es capaz de tener la boca cerrada

AGRADO: Yo sé muy bien como tener la boca cerrada, os he seguido la corriente...Pero si soy un modelo de discreción, hasta cuando me estoy comiendo una polla se ser discreta. Con la cantidad de pollas que me he comido en lugares públicos sin que nadie, excepto el interesado, se diera cuenta.
Aparece HUMA que viene del baño
HUMA: El tiempo que hace que no me como yo una polla

Todas se ríen a la vez.

ROSA: Pues a mí me encanta la palabra polla y pollón.

Todas se ríen otra vez
HUMA: Bueno , yo me tengo que ir
ROSA: ¿estás bien?
HUMA: mejor que nunca.
HUMA se va acompañada de AGRADO.

En la primera parte de la conversación vemos que Manuela y Rosa ocultan sus problemas a Huma, tanto su embarazo como su enfermedad. Aparentan una falsa  tranquilidad, teniendo como única preocupación el bienestar de Agrado.
En el segundo diálogo, que ocurre en la misma secuencia, minutos después, da la impresión de que esas cuatro mujeres han tejido unas redes difíciles de deshacer, que son amigas de toda la vida. A las cuatro la interacción les ha ayudado a tener una perspectiva diferente de sus problemas.
“La ficción como protección es para Almodóvar parte natural de la vida. El suero, el oxígeno, las máquinas, sujetan artificialmente la vida del mismo modo que lo hace la escena teatral o la cámara. Es natural también que proponga esa equiparación tan hermosa entre los donantes y la figura de la madre; entre los hijos y los receptores, que esperan su milagro particular para poder vivir. No es casualidad que con esta ecuación el hijo termine convirtiéndose en donante; y ambos, hijo y madre, entreguen el corazón. Tampoco es casualidad que el hijo muera el día en que celebra su nacimiento: las estructuras circulares (como el autógrafo que inicia el drama y que Estaban recibe después de muerto), se reiteran a lo largo de la narración, apoyadas visualmente por los coches que circulan alrededor de las prostitutas, y por lo túneles redondos (como úteros) a través de los cuales la protagonista va y viene una y otra vez en busca del origen de las cosas (formando un círculo en el que se repiten Madrid y Barcelona, que son el hijo y el padre) con el pretexto de estar huyendo”[6]
La historia comienza con Manuela perdiendo un hijo, las peripecias que le llevan a conocer y empatizar con el resto de mujeres, hará que el círculo se cierre de manera limpia. Su entrega a los cuidados en el embarazo de Rosa la convierte en la candidata más adecuada para cuidar a ese niño que nada más nacer es huérfano. Convirtiéndose así de nuevo en madre de un niño llamado Esteban, en honor a su hijo fallecido.
Las mujeres de esta película se apoyan, comparten su sufrimiento, el dolor de la pérdida y creen en la posibilidad del perdón y el respeto.
Si no rehabilitan, al menos, son tullidas que se apoyan mutuamente, y eso les impide caer. Ninguna de ellas tiene un fin brillante fuera del ámbito sórdido en el que han desarrollado su vida, pero no se desinflan, siguen apasionadas en hacerla durar soportando todas las contingencias. Una sociedad de mujeres, no un club de élite femenino, constituye tanto su pasado como su futuro.
 “La película está dedicada a todas las personas que juegan a ser alguien diferente, a transformarse como si fueran seres en continua evolución o personas de novela o guiones que el narrador y el escritor puedan modificar en cualquier momento”[7]
FICHA TÉCNICA

TÍTULO: Todo sobre mi madre (1999)

DIRECCIÓN Y GUIÓN: Pedro Almodóvar

FOTOGRAFÍA: Affonso Beato

SONIDO: Miguel Rejas

MONTAJE: José Salcedo

MÚSICA: Alberto Iiglesias

PRODUCCIÓN: El Deseo S. A., Renn Productions, France 2, Canal+

DURACIÓN: 100 min.

INTÉRPRETES: Cecilia Roth (Manuela), Marisa Paredes (Huma), Antonia San Juan (Agrado), Penélope Cruz (Rosa), Candela Peña (Nina), Rosa María Sardá (madre de Rosa), Eloy Azorín (Esteban, hijo de Manuela), Fernando Fernán Gómez (Padre de Rosa).



[1] ALLISON,Mark: "Un laberinto español. Las películas de Pedro Almodóvar". Ocho y medio,Madrid,2003, pag, 280, que cita el press book de la película.
[2] Entrevista a Almodóvar, Cambio 16, núm. 693, Madrid, marzo, 1985, pag.33
[3] Laberinto de Pasiones dirigida por Almodóvar en 1982
[4] MANZANO, Cristina: “Todo sobre mi m adre”. En CASTRO,Antonio (coord..): “Las películas de Almodóvar” , Ediciones JC, Madrid, 2010, pag. 225.
[5]MANZANO, Cristina: “Todo sobre mi m adre”. En CASTRO,Antonio (coord..): “Las películas de Almodóvar” , Ediciones JC, Madrid, 2010,pag.217
[6]MANZANO, Cristina: “Todo sobre mi m adre”. En CASTRO,Antonio (coord..): “Las películas de Almodóvar” , Ediciones JC, Madrid, 2010, pag.215
[7] MÉJEAN,Jean-Max:”Pedro Almodóvar”. Ediciones Rodinbook, Barcelona, 2007, pag.116.


Texto: Aiala Belzunegui