El pensamiento lógico humano trata de fundamentarse en la propia relación que mantienen entre sí los objetos, una que vez que han sido reelaborados por el pensamiento humano. No trata de la verdad sino de la coherencia de esas relaciones, por lo tanto se constituye en una guía para el pensamiento. A través de los principios de diferencia, semejanza, consecuencia, de no contradicción y otros, trata de guiar el racionamiento humano para librarlo de inconsistencias, paradojas, y lo que los propios lógicos llaman petición de principio, es decir, la existencia de pensamientos circulares o tautológicos. Por ejemplo si el pino es un árbol y todos los árboles pertenecen al reino vegetal, el pino es un vegetal.
Es cierto que las paradojas en el pensamiento son difíciles de evitar y debilitan el pensamiento lógico. Hay una muy conocida, que es la paradoja del mentiroso: “Kalíklates dice que todos los griegos son mentirosos . El es griego. ¿Miente o dice la verdad?”
Por otra parte hay muchos razonamientos que se pueden considerar tautológicos o circulares, que aunque tengan la forma de un silogismo, con su premisa mayor, su premisa menos y su conclusión, de hecho, la conclusión no se deriva de la premisa, si no al revés, es la premisa la que se deriva de la conclusión.
La lógica no es una ciencia material, no se preocupa de la verdad o falsedad de las afirmaciones, si no de su validez formal. Se preocupa de estudiar los principios y los métodos que nos permiten distinguir el razonamiento formalmente correcto del que no lo es. En este sentido ata el pensamiento a las reglas del razonamiento lógico.
Como una forma de liberar el pensamiento de las ataduras lógicas y pensando que eso puede fomentar la creatividad, el que se ha llamado pensamiento divergente o lateral, plantea que los problemas se pueden resolver de una manera más creativa si el pensamiento no está sijeto a las normas estrictas del razonamiento lógico. Esto puede tener su base en la constatación de que tanto en las ciencias como en las artes, los descubrimientos se basan, en gran parte en el trabajo, pero no exclusivamente; en ocasiones tiene una influencia decisiva la casualidad, el encuentro fortuito o una especie de genialidad inexplicada que nada tiene que ver con las reglas de la lógica. A esto se ha llamado pensamiento divergente o lateral, a un razonamiento menos sujeto al método lógico y más libre, para que el pensamiento desarrolle toda su potencia creativa.
Foto: Escher

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