Reía
con las bromas, opinaba sobre las cosas pero realmente no estaba allí, mi
cabeza no estaba allí, no podía evitar darle vueltas a todo.
-¿Estas bien?-dijo Rubén mientras ponía
su mano en mi pierna- te veo un poco ida.
-Si, si, es que llevo unos días un poco
moviditos- dije mientras le sonreía y tocaba su mano
- Bueno, pues para eso estás aquí, para
dejar de pensar cosas- dijo a la vez que se aproximaba a mi cara.
Veía como me miraba, sabía perfectamente
cuál era su intención, así que disimuladamente me reincorporé un poco
alejándome de él.
Había hecho demasiadas tonterías en los
últimos seis meses. Había tratado a la gente como quería pensando sólo en mí,
sin importarme los sentimientos del resto. Pero estaba convencida de que mi problema
iba más allá del puro egoísmo. Era como si inconscientemente autodestruyese
todo lo bueno que había a mi alrededor, como si me impidiese a mi misma ser
feliz, o que las cosas me saliesen bien. Era algo dentro de mí con lo que no estaba
a gusto y lo solucionaba evadiéndome de todo y destruyendo mi propia vida lo
que me dejaba cada vez más a disgusto. Un circulo vicioso vamos.
De repente sonó mi móvil, me había llegado
un mensaje. Lo cogí rápidamente muy ilusionada pensando que podría ser ella,
diciéndome que quería hablar conmigo. Pero me llevé una gran decepción, era un
sms de mi madre.
“Cariño, ¿estas bien? Llevas dos días sin
pasar por casa. Sólo quería saber como estabas. Un beso, te quiere. Mamá”
Me mosqueé. Me molestaba mucho recibir
mensajes de mi madre. Me devolvían a la realidad, me recordaba que existían
muchos más problemas a parte de los míos. Me hacía sentirme egoísta y que por
momentos me diese asco a mi misma.
Mi madre era una mujer alegre. Si,
alegre es el adjetivo perfecto para definirla. Una mujer siempre sonriente, que
daba la impresión que todo podría pasarla y que jamás quitaría su sonrisa. Una
mujer que nunca gritaba, con unas formas de estar excepcionales y bastante
envidiables, siempre arreglada y perfecta. Pero le faltaba algo. Era como si no
tuviese motivaciones, como si nada hiciese los días diferentes. Se había
resignado con la vida que le había tocado vivir y había decidido ponerle una
sonrisa.
Cogí el móvil y borré su mensaje. No
sabía que contestar, no me había puesto a pensar si estaba bien o mal. Harta de
estar tan pendiente del móvil decidí apagarlo.
-¿El baño sigue estropeado o habéis decidido
arreglarlo?- le pregunté mientras sentía como mi vejiga iba a explotar.
-Si, ya si. Al fondo a la derecha, como
en las películas.
Me levanté y enseguida empecé a notar en
la cabeza los primeros síntomas de lo que me estaba tomando. Rubén divertido
con mi cara se empezó a reír. Yo, por mi parte, le dediqué un corte de manga
que se tomo muy bien.
Cuando llegué a la puerta me di cuenta
de que estaba ocupado. No he sido nunca una persona demasiado asquerosita ni
escrupulosa, pero pensar en la cantidad de culos que pasaban por ese baño me
producía arcadas.
Pero me hacía demasiado pis y entre el
cansancio acumulado y la cantidad de cosas que me habían pasado los últimos dos
días necesitaba relajarme y mojarme la nuca. Mojarme la nuca, era justo lo que
necesitaba. No se dónde lo había leído por primera vez, pero cada vez que
sentía un mal interior, fuese del tipo que fuese, recurría a esto. Supongo que
tenía más parte psicológica que otra cosa, pero a mi me servía siempre.
Después de mojarme la nuca y auto
engañarme de que todo así se había solucionado volví a la habitación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario