Cuando llegué a Madrid todo me entusiasmaba.
Podía recorrer la ciudad llena de sensaciones, como cuando tu recorres mi piel.
La ciudad se abría ante mí, como tu me abres.
Todo era cálido y acogedor como tu cuerpo.
No, tu no has visto Madrid. Eso no ocurrió.
No existe ese Madrid. Eso no ocurrió. Tú lo has soñado.
Yo sólo he encontrado espacios vigilados.
He visto la plaza Dos de Mayo, toda la noche llena de gente.
¿Tú sabes que se puede hacer en una plaza toda la noche?...
Toda la noche... En una plaza llena de gente.
No... Te confundes... Tú no has visto la plaza Dos de Mayo.
Yo he visto a mis amigos llorar y ser valientes contra la guerra.
Llorar como las troyanas y ser valientes contra la guerra.
Muchos han amado la luz de Madrid, los cielos de Madrid. Yo también he amado las noches de Madrid...He amado en las noches de Madrid.
No, tu no has visto Madrid. Sólo hay una ciudad vigilada, acosada. Una ciudad asustada en la que sólo se puede esperar a los bárbaros.
¿Para qué sirve la memoria, entonces, si no hay nada más allá de tu piel, si no hay más aire que el de ésta habitación?
¿Qué memoria?
¡Levántate!, voy a mostrártela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario