sábado, 7 de enero de 2012

noches

Los días fueron sucediéndose unos a otros, ya sabes, como suelen hacerlo, el martes al lunes, el miércoles al martes... Y yo seguía ahí, el seguía ahí, todo seguí ahí.
Ese día la ciudad se quedaba sola, para nosotros, inmensa, dónde quiera que íbamos ella nos acompañaba. Se ponía delante y detrás de nuestros pasos. Nos ofrecía un suelo firme dónde asentar nuestras ilusiones.
¿Pero que había más allá de la tercera calle?
Quizá el lugar en el que, al despertar el día, se evaporaban nuestro sueños.
Yo te sonrío. En mis labios ves las palabras que no me atrevo a decirte. Que no se si quieres escucharme.
Pero de repente termina el día y el Sol se lleva consigo la vergüenza. Al apagarse la luz la luz, la vida se abre paso en forma de deseo.
"Te quiero me dice" y yo le digo lo mismo. Así la vida está mejor, para que engañarnos.


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