-¿Por qué le has dicho que me quedaba a
dormir?-le dije de repente algo enfadada.
-Sabes lo que siente Rubén por ti, se ha
puesto súper contento cuando se lo he dicho-dijo ella riéndose.
-Por eso mismo, no tengo un día para
tonterías- yo seguía enfadada
-Mira tía, o cambias esa cara o voy a
terminar pegándote una ostia- dijo ella mientras se le borraba la sonrisa de la
cara.
Miré al suelo. No me gustaba que se enfadara
conmigo y menos cuando sabía que tenía razón. Sabía que tenía que cambiar mi
actitud, “la pena dura lo que quieras tu seguir llorando” había escuchado una
vez en una canción. Siempre me ha gustado apuntarme en cuadernos las frases de canciones,
libros o carteles que me gustan y leerlas y releerlas y adaptarlas a mi forma
de vida. Siento que así, en cierta medida, podré echarle la culpa a algo cada
vez que me equivoque.
Cogí entonces el móvil y escribí “ a
pesar de todo te sigo queriendo”, estaba a punto de darla a enviar cuando rápidamente
me quitó el móvil de las manos.
-¿No le estas escribiendo no?- dijo mientras
miraba la pantalla violando mi intimidad.
-No seas idiota y devuélveme el móvil-
estaba molesta, por una vez que me había decidido a escribirla, no me gustaba
lo que estaba haciendo.
-¿La quieres?-me preguntó entonces muy
seria.
-Si, la quiero- tenía serias dudas sobre
lo que acababa de salir de mi boca.
-¿Y ella, te quiere?- dijo manteniendo
esa seriedad que era muy rara en ella.
-Eso dice-seguía sin estar convencida.
-¿Entonces?
-No me gusta los apéndices que lleva
pegados.
No estaba segura de si la quería, nunca
he estado segura realmente de si yo había desarrollado ese sentimiento. Dicen
que cuando te pones a pensar en si quieres a alguien has dejado de quererle
para siempre. Pero de lo que si estaba segura era del daño que me había hecho,
y no podía evitar pensar que un día llegaría y me diría la tipica cursilada de
película americana de “si te quiero muchísimo, si no puedo vivir sin ti, si el
intento de hacerlo ha sido la peor experiencia de mi vida”. Pero ese día nunca
llegaría y yo me quedaría así, esperando.
Supongo que era, en cierta medida, lo
que me merecía. Nunca había sido una persona muy cariñosa, ni apegada a la
gente, no me gustaba tener pareja, más bien al contrario. Me encargaba de
utilizar y reutilizar a las personas que se me acercaban, hasta que ellas se
cansaban de mi o yo de ellas. No le hacía ascos a nada, tíos, tías y todo a la
vez.
Este caos que había en mi vida sentimental
se reflejaba en el caos absoluto que me acompañaba siempre en todo lo que
hacía.
Supongo que todo esto tenía su origen en
lo más profundo de mi infancia, en la cual no había recibido demasiado cariño
ni muestras de afecto por partes de mis familiares, aunque tampoco es que las
echase de menos. Vivía con mi madre y mis dos hermanos, mi padre se había ido
con otra mujer, al principio yo no es que notase demasiado su falta. Era un
hombre que se pasaba las horas, diciendo que trabajaba, fuera de casa y cuando
estaba en casa tampoco se notaba demasiado su presencia, o dormía o veía la
televisión.
No es que odiase a mi padre por haberse
marchado, entiendo que no pudiese soportar la situación en la que vivía, yo
tampoco lo hacía, pero me molestaba que él si que hubiese sido capaz de
lanzarse a hacerlo, que se me hubiese adelantado.
Rubén volvió abrir la puerta. Traía
consigo una bolsa llenas de cervezas que me ofreció amablemente. Cogí un par y
me levanté con la bolsa en la mano para meter el resto en la nevera. Al salir
me encontré de cara con Julia, una chica bastante colgada, consumía demasiado
para lo joven que era. Sus padres la habían echado de casa y se pasaba los días
pululando por ahí. Había encontrado esta casa y llevaba ya una semana viviendo
ahí, una semana en la cual le había dado tiempo a enamorarse perdidamente de
ella, sentía tanto amor que ya resultaba enfermizo.
Pero eso no era nada nuevo. Ella
enamoraba a las personas con sólo hablarlas, era un don que yo había intentado
aprender, pero que no conseguía perfeccionar, me funcionaba muy pocas veces.
-¿está dentro?- me preguntó Julia muy
pendiente de mi respuesta
-Si claro, estamos tomando algo, únete a
nosotros-dije mientras me dirigía a la nevera a dejar las cosas.
Ella sonriente abrió la puerta y entró.
YO sabía que no le caía bien, como a ninguna de sus amantes les caía bien.
Supongo que no entendían la amistad que teníamos, había veces que yo misma
tampoco la entendía, sería porque yo no tenía muchos amigos, colegas miles,
pero no amigos.
Entre detrás de ella en la habitación.
Julia se había sentado en el suelo cerca de ella. Yo ocupé el sitio de antes,
mi sitio.
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