miércoles, 13 de junio de 2012

(me) quieres? cap3


-¿Por qué le has dicho que me quedaba a dormir?-le dije de repente algo enfadada.

-Sabes lo que siente Rubén por ti, se ha puesto súper contento cuando se lo he dicho-dijo ella riéndose.

-Por eso mismo, no tengo un día para tonterías- yo seguía enfadada

-Mira tía, o cambias esa cara o voy a terminar pegándote una ostia- dijo ella mientras se le borraba la sonrisa de la cara.

Miré al suelo. No me gustaba que se enfadara conmigo y menos cuando sabía que tenía razón. Sabía que tenía que cambiar mi actitud, “la pena dura lo que quieras tu seguir llorando” había escuchado una vez en una canción. Siempre me ha gustado apuntarme en cuadernos las frases de canciones, libros o carteles que me gustan y leerlas y releerlas y adaptarlas a mi forma de vida. Siento que así, en cierta medida, podré echarle la culpa a algo cada vez que me equivoque.

Cogí entonces el móvil y escribí “ a pesar de todo te sigo queriendo”, estaba a punto de darla a enviar cuando rápidamente me quitó el móvil de las manos.

-¿No le estas escribiendo no?- dijo mientras miraba la pantalla violando mi intimidad.

-No seas idiota y devuélveme el móvil- estaba molesta, por una vez que me había decidido a escribirla, no me gustaba lo que estaba haciendo.

-¿La quieres?-me preguntó entonces muy seria.

-Si, la quiero- tenía serias dudas sobre lo que acababa de salir de mi boca.

-¿Y ella, te quiere?- dijo manteniendo esa seriedad que era muy rara en ella.

-Eso dice-seguía sin estar convencida.

-¿Entonces?

-No me gusta los apéndices que lleva pegados.



No estaba segura de si la quería, nunca he estado segura realmente de si yo había desarrollado ese sentimiento. Dicen que cuando te pones a pensar en si quieres a alguien has dejado de quererle para siempre. Pero de lo que si estaba segura era del daño que me había hecho, y no podía evitar pensar que un día llegaría y me diría la tipica cursilada de película americana de “si te quiero muchísimo, si no puedo vivir sin ti, si el intento de hacerlo ha sido la peor experiencia de mi vida”. Pero ese día nunca llegaría y yo me quedaría así, esperando.

Supongo que era, en cierta medida, lo que me merecía. Nunca había sido una persona muy cariñosa, ni apegada a la gente, no me gustaba tener pareja, más bien al contrario. Me encargaba de utilizar y reutilizar a las personas que se me acercaban, hasta que ellas se cansaban de mi o yo de ellas. No le hacía ascos a nada, tíos, tías y todo a la vez.

Este caos que había en mi vida sentimental se reflejaba en el caos absoluto que me acompañaba siempre en todo lo que hacía.

Supongo que todo esto tenía su origen en lo más profundo de mi infancia, en la cual no había recibido demasiado cariño ni muestras de afecto por partes de mis familiares, aunque tampoco es que las echase de menos. Vivía con mi madre y mis dos hermanos, mi padre se había ido con otra mujer, al principio yo no es que notase demasiado su falta. Era un hombre que se pasaba las horas, diciendo que trabajaba, fuera de casa y cuando estaba en casa tampoco se notaba demasiado su presencia, o dormía o veía la televisión.

No es que odiase a mi padre por haberse marchado, entiendo que no pudiese soportar la situación en la que vivía, yo tampoco lo hacía, pero me molestaba que él si que hubiese sido capaz de lanzarse a hacerlo, que se me hubiese adelantado.

Rubén volvió abrir la puerta. Traía consigo una bolsa llenas de cervezas que me ofreció amablemente. Cogí un par y me levanté con la bolsa en la mano para meter el resto en la nevera. Al salir me encontré de cara con Julia, una chica bastante colgada, consumía demasiado para lo joven que era. Sus padres la habían echado de casa y se pasaba los días pululando por ahí. Había encontrado esta casa y llevaba ya una semana viviendo ahí, una semana en la cual le había dado tiempo a enamorarse perdidamente de ella, sentía tanto amor que ya resultaba enfermizo.

Pero eso no era nada nuevo. Ella enamoraba a las personas con sólo hablarlas, era un don que yo había intentado aprender, pero que no conseguía perfeccionar, me funcionaba muy pocas veces.

-¿está dentro?- me preguntó Julia muy pendiente de mi respuesta

-Si claro, estamos tomando algo, únete a nosotros-dije mientras me dirigía a la nevera a dejar las cosas.

Ella sonriente abrió la puerta y entró. YO sabía que no le caía bien, como a ninguna de sus amantes les caía bien. Supongo que no entendían la amistad que teníamos, había veces que yo misma tampoco la entendía, sería porque yo no tenía muchos amigos, colegas miles, pero no amigos.

Entre detrás de ella en la habitación. Julia se había sentado en el suelo cerca de ella. Yo ocupé el sitio de antes, mi sitio.

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