Voy a alejarme, ayer de nuevo desperté tarde
creo que desde el Martes la
muerte viene a buscarme
y fue que dije: “Oh Dios, quiero ser libre”,
y él
bajo y me dijo: “hijo, elige tu el calibre”
jueves, 28 de junio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
.
No quería pararme a pensar ni entender nada, no quería buscar explicaciones, no quería juzgar ni entender, porque cuando me paraba a pensar me acababa doliendo la cabeza. Y no me gusta que me duela la cabeza.
1 2 3
Habitábamos en un mundo compartido. Jugábamos a ser una, intentando engañar al resto.
Pero los fines de semana nos delataban. Igual era el alcohol, las ganas de particularidad que llevabamos días arrastrando o simplemente que estabamos cansadas de fingir.
Jugábamos a ser una, pero en realidad éramos más, muchos más.
Pero los fines de semana nos delataban. Igual era el alcohol, las ganas de particularidad que llevabamos días arrastrando o simplemente que estabamos cansadas de fingir.
Jugábamos a ser una, pero en realidad éramos más, muchos más.
martes, 26 de junio de 2012
(me) quieres? cap. 4
Reía
con las bromas, opinaba sobre las cosas pero realmente no estaba allí, mi
cabeza no estaba allí, no podía evitar darle vueltas a todo.
-¿Estas bien?-dijo Rubén mientras ponía
su mano en mi pierna- te veo un poco ida.
-Si, si, es que llevo unos días un poco
moviditos- dije mientras le sonreía y tocaba su mano
- Bueno, pues para eso estás aquí, para
dejar de pensar cosas- dijo a la vez que se aproximaba a mi cara.
Veía como me miraba, sabía perfectamente
cuál era su intención, así que disimuladamente me reincorporé un poco
alejándome de él.
Había hecho demasiadas tonterías en los
últimos seis meses. Había tratado a la gente como quería pensando sólo en mí,
sin importarme los sentimientos del resto. Pero estaba convencida de que mi problema
iba más allá del puro egoísmo. Era como si inconscientemente autodestruyese
todo lo bueno que había a mi alrededor, como si me impidiese a mi misma ser
feliz, o que las cosas me saliesen bien. Era algo dentro de mí con lo que no estaba
a gusto y lo solucionaba evadiéndome de todo y destruyendo mi propia vida lo
que me dejaba cada vez más a disgusto. Un circulo vicioso vamos.
De repente sonó mi móvil, me había llegado
un mensaje. Lo cogí rápidamente muy ilusionada pensando que podría ser ella,
diciéndome que quería hablar conmigo. Pero me llevé una gran decepción, era un
sms de mi madre.
“Cariño, ¿estas bien? Llevas dos días sin
pasar por casa. Sólo quería saber como estabas. Un beso, te quiere. Mamá”
Me mosqueé. Me molestaba mucho recibir
mensajes de mi madre. Me devolvían a la realidad, me recordaba que existían
muchos más problemas a parte de los míos. Me hacía sentirme egoísta y que por
momentos me diese asco a mi misma.
Mi madre era una mujer alegre. Si,
alegre es el adjetivo perfecto para definirla. Una mujer siempre sonriente, que
daba la impresión que todo podría pasarla y que jamás quitaría su sonrisa. Una
mujer que nunca gritaba, con unas formas de estar excepcionales y bastante
envidiables, siempre arreglada y perfecta. Pero le faltaba algo. Era como si no
tuviese motivaciones, como si nada hiciese los días diferentes. Se había
resignado con la vida que le había tocado vivir y había decidido ponerle una
sonrisa.
Cogí el móvil y borré su mensaje. No
sabía que contestar, no me había puesto a pensar si estaba bien o mal. Harta de
estar tan pendiente del móvil decidí apagarlo.
-¿El baño sigue estropeado o habéis decidido
arreglarlo?- le pregunté mientras sentía como mi vejiga iba a explotar.
-Si, ya si. Al fondo a la derecha, como
en las películas.
Me levanté y enseguida empecé a notar en
la cabeza los primeros síntomas de lo que me estaba tomando. Rubén divertido
con mi cara se empezó a reír. Yo, por mi parte, le dediqué un corte de manga
que se tomo muy bien.
Cuando llegué a la puerta me di cuenta
de que estaba ocupado. No he sido nunca una persona demasiado asquerosita ni
escrupulosa, pero pensar en la cantidad de culos que pasaban por ese baño me
producía arcadas.
Pero me hacía demasiado pis y entre el
cansancio acumulado y la cantidad de cosas que me habían pasado los últimos dos
días necesitaba relajarme y mojarme la nuca. Mojarme la nuca, era justo lo que
necesitaba. No se dónde lo había leído por primera vez, pero cada vez que
sentía un mal interior, fuese del tipo que fuese, recurría a esto. Supongo que
tenía más parte psicológica que otra cosa, pero a mi me servía siempre.
Después de mojarme la nuca y auto
engañarme de que todo así se había solucionado volví a la habitación.
Alexander
Me pidieron que pensase en la mejor anécdota que había
vivido contigo, al principio pensé que lo tenía súper fácil y claro. Casi 18
años juntos dan para un montón de cosas, pero entonces se me planteó el
problema de cual de todas ellas elegir.
Lo que primero se me vino a la cabeza era el interrail y
todas las peculiaridades que tuvo ese viaje. Desde la noche durmiendo en la
calle en Francia hasta la plaza y los cánticos de Roma.
Luego pensé que bachillerato había dado también muy buenos
momentos recordables. Como cuando te negabas a sentarte en primera fila y te
venías al final con el resto de la clase, o cuando se te enganchó la cadena con
el pirsing o los millones de vaciles a Oscar.
Pensando esto no pude evitar acordarme de las miles de
noches que hemos salido de fiesta y de nuestros viajes, y a pesar de estar con
mucha más gente y compartir momentos y risas con todos, hemos tenido nuestras
anécdotas particulares, como en Mallorca dónde hablamos durante dos horas de
como se desabrochaba un sujetador.
Y claro pensando esto no pude evitar acordarme de nuestra
adolescencia. De nuestras primeras tardes en el callejón, nuestras salidas a la
dehesa y de las conversaciones en los bancos que teníamos Pola, Quique, Diz tu
y yo; de la forma de ver la vida que teníamos en ese momento y de lo
inseparables que éramos.
Y como se ve que tenía tiempo seguí recordando y me acordé
de Orfe, de nuestros hermanos jugando juntos, de como al volver del colegio
siempre íbamos a por una bolita de pan y a por un caramelo. De la primera vez
que me quedé a dormir fuera de casa en tus literas y de cuando me regalaste uno
de los power rangers que tenías en tu baño (el rosa, que era el que menos te
gustaba).
Después de estar todo este tiempo recordando todos nuestros
viajes, nuestros días en el Decroly, nuestras salidas por la noche, nuestras
conversaciones, nuestras risas, en definitiva todo lo que hemos vivido juntos
lo que más feliz me hace es recordar cuando nuestros hermanos eran súper amigos
y querían que nosotros nos casáramos para poder ser todos una familia y entonces nosotros nos empezamos a
dividir las tareas de la casa, tú fregarías y lavarías y yo haría la comida
(lentejas o filetes)
Después de tantos años ha habido muchas cosas que han
cambiado, amistades que juramos infinitas no lo eran tanto. Problemas que
parecían insolubles terminaron arreglándose de la forma más sencilla.
A los que dicen que la historia se repite tendremos que
preguntarles como, si tenemos oportunidad, repetiremos la nuestra.
Aiala
domingo, 24 de junio de 2012
.
Y aún con lágrimas en los ojos te pido que me olviodes, que des tu el paso que no me atrevo a dar. Que seas tu la que por las dos deje todo esto atrás. Marchate lejos, dime qu me odias mirandome a los ojos. Llevate todo y dejame, por fin, respirar.
sábado, 16 de junio de 2012
noches sin dormir
"Te quiero" le digo, y en realidad no se porque, hace tiempo que ha dejado de prestar atención a la conversación que tenemos. Y no entiendo a que vienen entonces sus "buenas noches te quiero". Y me pregunto si me quiso alguna vez, y si lo hizo cuando dejó de hacerlo y no tengo que pensar mucho para encontrar la respuesta. Y entonces me digo a mi misma que si ella se engaña porque no voy hacerlo yo.
Y te quiero, y no, esto no es un engaño.
Y te quiero, y no, esto no es un engaño.
miércoles, 13 de junio de 2012
(me) quieres? cap3
-¿Por qué le has dicho que me quedaba a
dormir?-le dije de repente algo enfadada.
-Sabes lo que siente Rubén por ti, se ha
puesto súper contento cuando se lo he dicho-dijo ella riéndose.
-Por eso mismo, no tengo un día para
tonterías- yo seguía enfadada
-Mira tía, o cambias esa cara o voy a
terminar pegándote una ostia- dijo ella mientras se le borraba la sonrisa de la
cara.
Miré al suelo. No me gustaba que se enfadara
conmigo y menos cuando sabía que tenía razón. Sabía que tenía que cambiar mi
actitud, “la pena dura lo que quieras tu seguir llorando” había escuchado una
vez en una canción. Siempre me ha gustado apuntarme en cuadernos las frases de canciones,
libros o carteles que me gustan y leerlas y releerlas y adaptarlas a mi forma
de vida. Siento que así, en cierta medida, podré echarle la culpa a algo cada
vez que me equivoque.
Cogí entonces el móvil y escribí “ a
pesar de todo te sigo queriendo”, estaba a punto de darla a enviar cuando rápidamente
me quitó el móvil de las manos.
-¿No le estas escribiendo no?- dijo mientras
miraba la pantalla violando mi intimidad.
-No seas idiota y devuélveme el móvil-
estaba molesta, por una vez que me había decidido a escribirla, no me gustaba
lo que estaba haciendo.
-¿La quieres?-me preguntó entonces muy
seria.
-Si, la quiero- tenía serias dudas sobre
lo que acababa de salir de mi boca.
-¿Y ella, te quiere?- dijo manteniendo
esa seriedad que era muy rara en ella.
-Eso dice-seguía sin estar convencida.
-¿Entonces?
-No me gusta los apéndices que lleva
pegados.
No estaba segura de si la quería, nunca
he estado segura realmente de si yo había desarrollado ese sentimiento. Dicen
que cuando te pones a pensar en si quieres a alguien has dejado de quererle
para siempre. Pero de lo que si estaba segura era del daño que me había hecho,
y no podía evitar pensar que un día llegaría y me diría la tipica cursilada de
película americana de “si te quiero muchísimo, si no puedo vivir sin ti, si el
intento de hacerlo ha sido la peor experiencia de mi vida”. Pero ese día nunca
llegaría y yo me quedaría así, esperando.
Supongo que era, en cierta medida, lo
que me merecía. Nunca había sido una persona muy cariñosa, ni apegada a la
gente, no me gustaba tener pareja, más bien al contrario. Me encargaba de
utilizar y reutilizar a las personas que se me acercaban, hasta que ellas se
cansaban de mi o yo de ellas. No le hacía ascos a nada, tíos, tías y todo a la
vez.
Este caos que había en mi vida sentimental
se reflejaba en el caos absoluto que me acompañaba siempre en todo lo que
hacía.
Supongo que todo esto tenía su origen en
lo más profundo de mi infancia, en la cual no había recibido demasiado cariño
ni muestras de afecto por partes de mis familiares, aunque tampoco es que las
echase de menos. Vivía con mi madre y mis dos hermanos, mi padre se había ido
con otra mujer, al principio yo no es que notase demasiado su falta. Era un
hombre que se pasaba las horas, diciendo que trabajaba, fuera de casa y cuando
estaba en casa tampoco se notaba demasiado su presencia, o dormía o veía la
televisión.
No es que odiase a mi padre por haberse
marchado, entiendo que no pudiese soportar la situación en la que vivía, yo
tampoco lo hacía, pero me molestaba que él si que hubiese sido capaz de
lanzarse a hacerlo, que se me hubiese adelantado.
Rubén volvió abrir la puerta. Traía
consigo una bolsa llenas de cervezas que me ofreció amablemente. Cogí un par y
me levanté con la bolsa en la mano para meter el resto en la nevera. Al salir
me encontré de cara con Julia, una chica bastante colgada, consumía demasiado
para lo joven que era. Sus padres la habían echado de casa y se pasaba los días
pululando por ahí. Había encontrado esta casa y llevaba ya una semana viviendo
ahí, una semana en la cual le había dado tiempo a enamorarse perdidamente de
ella, sentía tanto amor que ya resultaba enfermizo.
Pero eso no era nada nuevo. Ella
enamoraba a las personas con sólo hablarlas, era un don que yo había intentado
aprender, pero que no conseguía perfeccionar, me funcionaba muy pocas veces.
-¿está dentro?- me preguntó Julia muy
pendiente de mi respuesta
-Si claro, estamos tomando algo, únete a
nosotros-dije mientras me dirigía a la nevera a dejar las cosas.
Ella sonriente abrió la puerta y entró.
YO sabía que no le caía bien, como a ninguna de sus amantes les caía bien.
Supongo que no entendían la amistad que teníamos, había veces que yo misma
tampoco la entendía, sería porque yo no tenía muchos amigos, colegas miles,
pero no amigos.
Entre detrás de ella en la habitación.
Julia se había sentado en el suelo cerca de ella. Yo ocupé el sitio de antes,
mi sitio.
miércoles, 6 de junio de 2012
...
El tiempo fluye por una línea que se desvanece detrás de
quien ha dejado de ser amado por los hombres, o por los dioses, o por la vida.
La literatura lo ha expresado tantas veces como ha relatado la expulsión del
paraíso en el Genesis. " Des queremos el engaño y queremos dar la vuelta
no hay lugar" decía Manrique.
En el dolor que ha ocasionado el abandono del amado el
tiempo es el único coherente. Siempre avanza, por más que el dolor da a veces
la sensación de que se ha detenido, con todo su peso sobre las zonas sensibles
del abandonado.
No hay retorno, "ya he dicho que tras el dolo siempre
hay dolor" (Oscar Wilde)
martes, 5 de junio de 2012
intentos fallidos
"intento entenderte" me susurra al oído.
Pero se que no puede y admiro su esfuerzo.
"gracias..." le contesto.
Y entonces me mira, con esa cara de amor llena de odio, y yo, yo me arrepiento de haber abierto la boca.
Pero se que no puede y admiro su esfuerzo.
"gracias..." le contesto.
Y entonces me mira, con esa cara de amor llena de odio, y yo, yo me arrepiento de haber abierto la boca.
sábado, 2 de junio de 2012
(me) quieres? cap.2
Llamaron a la puerta, se abrió, apareció la cabeza
de Rubén tímidamente.
-Hola, pasa- dijo indicándole que
entrase- ya le he comentado que te quedas a dormir- me dijo a mi mirándome con
sonrisa cómplice.
-Ah ¿si? No sabía yo eso.
- Si anda, no seas tonta-dijo Rubén
sentándose a mi lado.
Siempre se sentaba a mi lado. No voy a
negar que me halagara la atención que me mostraba, pero no quería entender que
no iba más allá de eso. Además ese día no estaba de humor.
Me reincorporé un tanto incómoda de su
presencia tan cerca. Nunca he sido una persona reacia al contacto físico, más
bien al contrario, me gustaba tocar a la gente con la que hablaba, era una
muestra de cercanía, pero ese día estaba algo molesta por la invasión tan
repentina de mi espacio.
Rubén y yo nos conocíamos desde hacía un
tiempo, unos tres meses o así. Ella nos había presentado un día de fiesta
estando ambos bastante alterados. Desde el primer momento nos habíamos llevado
bien, y se notaba que entre nosotros había una atracción rara. Por eso más de
un día tonto habíamos hecho más de una tontería. Pero como ya he dicho, para mi
no iba más allá de eso.
-¿Quieres tomar algo? Tenemos cali-dijo
Rubén siempre sonriéndome
-Ya sabes que no me gusta el vino. ¿No
tenéis una cerveza?- contesté animándome un poco.
-No, pero si quieres bajo en un segundo
al chino.
-No, da igual-dije yo- tampoco quiero
estar mucho tiempo.
-Si anda, baja Rubén, así tenemos excusa
para que se quede con nosotros-dijo ella mientras le daba unas caladas al
canuto que tenía en la mano.
Rubén se levantó, salió del cuarto no
sin antes volverse y dedicarme una sonrisa. Un sonrisa preciosa, especial para
mi, pero que no me transmitía nada. Le respondí con otra sonrisa, completamente
vacía de sentimiento, pero que debió bastarle, porque se dió la vuelta y salió
de la casa.
La casa estaba en medio del barrio de
Malasaña, en una de esas calles que se llaman pez, flor o ñoñerías del estilo.
Era un edificio muy viejo, de estos que terminan reformando entero, con techos
altos y puertas grandes. En un barrio algo festivo y con mucho ambiente
juvenil. Un lugar perfecto dónde tener una casa compartida con amigos, dónde
acabábamos o empezábamos todos cada noche.
Las calles que rodeaban la casa eran
como casi todas las del centro de Madrid. Llenas de tiendas de “todo a cien”,
de chinos, lugares dónde podías comprar a todas horas kebabs o pizza y gente,
siempre gente paseando por ellas.
Yo vivía en un barrio bastante distinto,
un barrio burgués, por definirlo de alguna manera. Un barrio en el que sólo
había viejos o padres con hijos recién emancipados y los domingos nietos, niños
pequeños que no paraban de correr por todos lados a la vez que chillaban y
ensuciaban. Niños que tiene esa gran capacidad de hacer tres o más cosa a la
vez, capacidad que perderán a medida que vayan creciendo.
Pero me gustaba mi barrio, había vivido
toda mi vida consciente ahí y me encantaba. Sabías que el único peligro era el
vecino de 70 años del octavo, que estaba un poco loco, y si le pillabas en un
mal día podías ser atacado por una cacerola.
Al irse Rubén nos habíamos quedado otra
vez solas. No solía gustarme quedarme a solas con la gente, me molestaban los
silencios incómodos. Esos silencios que la gente se empeña en romper para
llenarlos con frases banales. Como cuando subes en el ascensor, la gente tiene
pánico a estar en silencio el tiempo que tarda en llegar a su casa e insiste en
iniciar conversaciones estúpidas sobre el tiempo o lo bien y rápido que has
crecido. Por eso, entre otras cosas, no cogía nunca el ascensor.
vida
Supongo que todo en la vida tiene sus fases, incluso la vida
misma las tiene. Aquellos momentos en los que todo parece un sueño, todo es
perfecto y mágico y vives caminando de puntillas, evitando que nada te toque ni
roce, para evitar que te despierte. Y otros en los que sólo ves la mierda que
te rodea, que cada día va comiéndote más y más y aunque te golpees, cada vez
con más fuerza, solo consigues que ese pequeño reguero de sangre que escapa de
tu boca te demuestre que estas despierto, vivo, y que esta es tu puta vida.
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