He vuelto a donde nos conocimos,
pero no eras tú quien me acompañaba.
Estaba cerrado,
creo que era para no crear nuevos recuerdos
encima de los tuyos.
Para que nadie borre nuestro primer beso,
las ganas de saltar al vacío.
He mirado por la ventana y sigue intacto,
la mesa llena de pegatinas y nervios,
las sillas cada vez más cerca
y un montón de cervezas vacías
acumuladas en la mesa.
Me ha parecido ver tu reflejo
y a mí recorriendo kilómetros para besar tus labios.
Y por un momento me ha abandonado este terrible calor de Madrid
y un escalofrío ha recorrido mi cuerpo,
recordándome a que sabe noviembre.
He seguido paseando por las calles que fueron protagonistas
de nuestros primeros encuentros,
de cómo nos llovía entre las manos y las piernas.
He sonreído recordándote feliz y mía.
He intentado borrarte con cervezas,
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los escalones que separan tu casa de la mía.
Y te he despedido otra vez
en ese metro donde supe el primer día
que alguna vez te irías para siempre.
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