Nos despedimos tantas veces como reencuentros tuvimos.
Cada día algo nuevo se iba destruyendo por dentro, pero nosotras, estúpidas nosotras, nos seguíamos aferrando a un clavo ardiendo.
Nos despedimos tantas veces como te quieros te dije.
Me engañaba a mi misma autoconvenciéndome de que esto era el amor y no una obsesión absurda de sentirte cerca.
Nos despedimos tantas veces como polvos echamos.
Aferradas a una relación carnal nos desacíamos en las manos de la otra, jurándonos cada vez, que esa sería la última.
Nos despedimos tantas veces como lágrimas derramamos.
De alegría, dolor, amor y ausencia. Lágrimas que se convertían en carcajadas estalladas en tu pecho.
Nos despedimos tantas veces como amaneceres compartimos.
Llegando a ser mi mejor pasatiempo el despertarme minutos antes, solo para contemplarte dormida.
Nos despedimos tantas veces como odio te tengo.
Por hacerme promesas imposibles, invertarte un futuro absurdo y,sobre todo, por irte para siempre
Nos despedimos tantas veces que en realidad, jamás llegué a tenerte