Cuando la besé por última vez no sabía que no volvería a
rozar sus labios. Aún así lo hice como si no fuese a volver a verla. Como si
aquella sala oscura del cine fuese el escenario final de nuestra historia.
La besé lentamente acariciándole la cara, como siempre me ha
gustado hacerlo y al separarme no pude evitar sonreír y recordarle lo guapa que
es. Cuando sonríe, cuando está triste, recién despierta y de todas las formas
posibles.
Ignoré la sensación que habían provocado sus besos entre mis
piernas y seguí besándola lentamente, como si algo en mi supiese que iba a ser
la última vez y quisiese memorizarlo de por vida.
La besé con dulzura, queriéndola aún más en cada beso que le
daba. Las mariposas que sentía en el estómago por una vez no bajaron y me
subieron directas al pecho y a la garganta. Impidiéndome articular palabra.
“Hay otra… Bueno… otras” Me dijo cuando la sala estaba ya
completamente a oscuras. “Shhh, no digas nada” le dije yo agarrándole la mano, “siempre
lo he sabido”
Intenté volver a besarla, pero ya no era lo mismo. Ya no era
la misma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario