miércoles, 9 de marzo de 2016

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Cuando la besé por última vez no sabía que no volvería a rozar sus labios. Aún así lo hice como si no fuese a volver a verla. Como si aquella sala oscura del cine fuese el escenario final de nuestra historia.

La besé lentamente acariciándole la cara, como siempre me ha gustado hacerlo y al separarme no pude evitar sonreír y recordarle lo guapa que es. Cuando sonríe, cuando está triste, recién despierta y de todas las formas posibles.

Ignoré la sensación que habían provocado sus besos entre mis piernas y seguí besándola lentamente, como si algo en mi supiese que iba a ser la última vez y quisiese memorizarlo de por vida.

La besé con dulzura, queriéndola aún más en cada beso que le daba. Las mariposas que sentía en el estómago por una vez no bajaron y me subieron directas al pecho y a la garganta. Impidiéndome articular palabra.

“Hay otra… Bueno… otras” Me dijo cuando la sala estaba ya completamente a oscuras. “Shhh, no digas nada” le dije yo agarrándole la mano, “siempre lo he sabido”

Intenté volver a besarla, pero ya no era lo mismo. Ya no era la misma.

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