jueves, 15 de octubre de 2015

De lirios y de éxtasis

Llevábamos tiempo sin vernos, y aunque las dos no habíamos perdido el tiempo se notaba en el aire una gran tensión, ya no solo porque la situación no era muy cómoda, sino porque yo, al menos, deseaba desnudarla enseguida.

Haciendo caso omiso a mi instinto básico de reproducción seguí hablando con ella como si nada, interesándome por lo que me estaba diciendo, reprimiéndome las ganas tremendas que tenía de besarla. Seguimos así un buen rato, hasta que yo dejé de escuchar lo que me decía, no tenía sentido alargar algo que las dos deseábamos desde que nos habíamos sentado en el sofá con una cerveza en la mano.

Le cogí la cara y le di un beso, no tenía miedo de que se apartase, cosa que podría haber hecho perfectamente, y ella me lo siguió. Así que empezamos a besarnos, podemos decir, que apasionadamente, siempre nos habíamos entendido bien con respecto a este tema. Y al hacerlo me aparecieron esas mariposillas en el estómago que se me bajaron rápidamente entre las piernas, ella debió notarlo, en la ligera rigidez repentina de mi cuerpo o en cómo había aumentado mi respiración, porque se separó y me sonrió con esa sonrisa que tanto conocía, previa a su mordedura de labio inferior que siempre hacia antes de desnudarme.

Nos conocíamos el guion de memoria. Yo sabía dónde y cómo tenía que tocarla para que se estremeciese entre mis manos y ella… ella era una experta en hacerme gemir. Así que empezamos a desnudarnos rápido y con ganas, repito que hacía tiempo que no nos veíamos. Ella se quitaba los pantalones mientras yo, de una, me quitaba la sudadera la camiseta y el sujetador, parecíamos dos adolescentes.

La tenía, otra vez, desnuda para mí, en mi cama, un lugar del que no podría irse. Y aunque las ganas que tenía y la sangre que había empezado a acumularse en una única parte del cuerpo me decían que lo hiciese ya, rápido y corriendo, empecé a besarla el cuerpo muy lentamente. He de admitir que siempre me gustó jugar con ella, excitarla sin apenas tocarla hasta tal punto que me suplicase que lo hiciese.

Así que fui lentamente recorriendo con besos todo su cuerpo. Sentía como se aceleraba su respiración cada vez que me acercaba a sus pezones, como movía sus caderas para poder acercarse a alguna parte de mi cuerpo, y yo disfrutaba haciéndoselo cada vez más difícil. Entonces cogí el pañuelo que a veces me pongo en la cabeza y le tapé los ojos, ella me susurró un “te odio” mientras mi pierna, que estaba entre las suyas, la notaba cada vez más alterada.

Me gustaba sentirla tan sumisa a mí, tan sometida a lo que yo pudiera hacerle y que eso le encantase. Abría la boca como queriendo darme un beso, dejándome a mí la elección si sería en la boca, en los pezones o en cualquier otra parte de mi cuerpo. Yo iba besándole los muslos, acercándome cada vez más a su sexo, parándome justo en el momento en el que ella levantaba del todo la cadera como queriendo que acercase mi boca. Entonces paraba y después de algún suspiro de desesperación o un “me estas matando”, que me soltaba con cierto rencor, me centraba en otra parte de su cuerpo.

Mi parte favorita eran sus pezones, primero me gustaba tocarlos despacio con los dedos y luego empezaba a jugar con ellos con la puntita de la lengua, muy despacio y suave, mientras se movía. Había veces que las ganas me podían y le mordía un poco, lo justo para que ella sintiese ese placer que tanto le gustaba.

También me encantaba hacer que se moviese por la cama. Tenerla tumbada, ponerla a cuatro patas mientras yo detrás me pegaba mucho a su cuerpo y hacerla sentirme dentro, o ponerla al borde de la cama y yo mientras de rodillas en el suelo saboreando todo lo que había estado provocando.

No sé a cuál de las dos estaba alterando más la situación, pero yo no pude reprimirme las ganas de ponerme sobre su cara y dejar que se recrease con la lengua en mi sexo. Apenas tardé segundos en llegar al orgasmo. Lo mejor de todo es que ella llegó casi a la vez sin yo si quiera tocarla.


La destapé los ojos y nos abrazamos desnudas. Nos dijimos lo mucho que nos habíamos echado de menos entre besos y nos pasamos el resto de la tarde follando.

jueves, 17 de septiembre de 2015

A veces

La había echado tanto de menos…

Su forma de dormir ocupando toda la cama, dejándome un pequeñísimo hueco dónde solo cabía de lado, sus ojos hinchados nada más despertarse con esa sonrisa de niña tonta que se le ponía cuando le daba los buenos días.

Echaba de menos sus caricias y sus repentinas muestras de afecto. Decirle que tenía un día más cariñoso de lo normal y que ella se mosquease y me dijese que siempre era igual.

Recordaba su olor… Que se quedaba impregnado en mi ropa y en mis sábanas

Me empezó a gustar el café solo cuando venía de sus labios, me sabía a casa.

Me encantaba cuando se ponía pedo y sonreía, sonreía mucho y olía a cerveza y me besaba y abrazaba, como si no quisiese que me marchase nunca.

Me gustaba ella. Cada milímetro imperfecto de su cuerpo. Cada cosa que hacía y cada reacción que tenía ante el mundo…

Joder, era perfecta.


Pero ahora no sé quién es…


A veces las confundo, a la antigua y a la nueva y por un momento pienso que todo podría ser igual. Igual que antes, igual de perfecto

jueves, 27 de agosto de 2015

los 10 pasos del olvido

1. utilizar el cuaderno

2. más y más empatía

3. perdonar (se)

4. sonreír (se)

5. proyecto conjunto

6. un agosto a gusto

7. escuchar música destructiva siendo arrastrado por el viento

8. escribir microrrelatos

9. controlar la memoria

10. luchar contra la inercia

lunes, 24 de agosto de 2015

8

Me centré en convertirme en la persona de tu vida dejando de lado ser la de la mía.

miércoles, 19 de agosto de 2015

martes, 18 de agosto de 2015

Buen viaje


Y hoy me despido, creo que ya definitivamente. Puede que me haya costado mucho más de lo que me esperaba.
Me despido por que te vas, o puede que te hayas ido hace tiempo
Me despido porque noto que aunque te perdí hace tiempo es ahora cuándo más siento tu pérdida.
Y creo que por fin te dejo irte, en paz. Sin más textos que lleven tu nombre, sin más llamadas o mensajes a altas horas, sin más rencor.
No sabría decirte si ha pasado una eternidad o solo 3 días, desde que decidiste largarte o desde que decidí yo que lo hicieses, igual es pronto para aclarar eso.
Créeme cuándo te digo que espero con todas mis fuerzas que todo te vaya bien, aquí, allí e incluso en Guadalumpur, porque no existe otra persona que se merezca ser más feliz que tu.
Nunca creí que el mejor plan sería dar vueltas interminables por Madrid a ver que nos encontrábamos o a dónde nos llevaban nuestras piernas. Tampoco pensé que una persona como tú iba a poder quitarme el sueño, o que llegaría a gustarme tanto observar a alguien reírse. Pero vamos, tampoco imaginé que el frío llegase con el verano.
Tendré que deshacerme poco a poco de  los recuerdos que te hacen estar en mi habitación. Es el momento de no pensarte todas las mañanas.
A mi también me gustaría saber, de vez en cuando, si estas viva. Ya me las ingeniaré no te pido un informe trimestral, si quieres puedes ayudarme con señales de humo, hace ya tiempo que son la única forma de comunicarme con el mundo.
Eres increíble y aunque no estés cerca de mí seguiré diciéndotelo en bajito, todas las noches, justo antes de dormirme
Te dejo tranquila, prometido. El contrato que una vez firmaste se queda entre nosotras, no te preocupes. Lo destruiré con el tiempo, como tu recuerdo.

Sé feliz, que ya toca.




                                                                                 


                                                          Te quiero A.