sábado, 28 de noviembre de 2015
jueves, 15 de octubre de 2015
De lirios y de éxtasis
Llevábamos tiempo sin vernos, y aunque las dos no habíamos
perdido el tiempo se notaba en el aire una gran tensión, ya no solo porque la
situación no era muy cómoda, sino porque yo, al menos, deseaba desnudarla
enseguida.
Haciendo caso omiso a mi instinto básico de reproducción
seguí hablando con ella como si nada, interesándome por lo que me estaba
diciendo, reprimiéndome las ganas tremendas que tenía de besarla. Seguimos así
un buen rato, hasta que yo dejé de escuchar lo que me decía, no tenía sentido
alargar algo que las dos deseábamos desde que nos habíamos sentado en el sofá
con una cerveza en la mano.
Le cogí la cara y le di un beso, no tenía miedo de que se
apartase, cosa que podría haber hecho perfectamente, y ella me lo siguió. Así
que empezamos a besarnos, podemos decir, que apasionadamente, siempre nos
habíamos entendido bien con respecto a este tema. Y al hacerlo me aparecieron
esas mariposillas en el estómago que se me bajaron rápidamente entre las
piernas, ella debió notarlo, en la ligera rigidez repentina de mi cuerpo o en
cómo había aumentado mi respiración, porque se separó y me sonrió con esa
sonrisa que tanto conocía, previa a su mordedura de labio inferior que siempre hacia
antes de desnudarme.
Nos conocíamos el guion de memoria. Yo sabía dónde y cómo
tenía que tocarla para que se estremeciese entre mis manos y ella… ella era una
experta en hacerme gemir. Así que empezamos a desnudarnos rápido y con ganas,
repito que hacía tiempo que no nos veíamos. Ella se quitaba los pantalones
mientras yo, de una, me quitaba la sudadera la camiseta y el sujetador,
parecíamos dos adolescentes.
La tenía, otra vez, desnuda para mí, en mi cama, un lugar
del que no podría irse. Y aunque las ganas que tenía y la sangre que había empezado
a acumularse en una única parte del cuerpo me decían que lo hiciese ya, rápido
y corriendo, empecé a besarla el cuerpo muy lentamente. He de admitir que siempre
me gustó jugar con ella, excitarla sin apenas tocarla hasta tal punto que me
suplicase que lo hiciese.
Así que fui lentamente recorriendo con besos todo su cuerpo.
Sentía como se aceleraba su respiración cada vez que me acercaba a sus pezones,
como movía sus caderas para poder acercarse a alguna parte de mi cuerpo, y yo
disfrutaba haciéndoselo cada vez más difícil. Entonces cogí el pañuelo que a
veces me pongo en la cabeza y le tapé los ojos, ella me susurró un “te odio”
mientras mi pierna, que estaba entre las suyas, la notaba cada vez más
alterada.
Me gustaba sentirla tan sumisa a mí, tan sometida a lo que
yo pudiera hacerle y que eso le encantase. Abría la boca como queriendo darme
un beso, dejándome a mí la elección si sería en la boca, en los pezones o en
cualquier otra parte de mi cuerpo. Yo iba besándole los muslos, acercándome
cada vez más a su sexo, parándome justo en el momento en el que ella levantaba
del todo la cadera como queriendo que acercase mi boca. Entonces paraba y
después de algún suspiro de desesperación o un “me estas matando”, que me
soltaba con cierto rencor, me centraba en otra parte de su cuerpo.
Mi parte favorita eran sus pezones, primero me gustaba
tocarlos despacio con los dedos y luego empezaba a jugar con ellos con la
puntita de la lengua, muy despacio y suave, mientras se movía. Había veces que
las ganas me podían y le mordía un poco, lo justo para que ella sintiese ese
placer que tanto le gustaba.
También me encantaba hacer que se moviese por la cama.
Tenerla tumbada, ponerla a cuatro patas mientras yo detrás me pegaba mucho a su
cuerpo y hacerla sentirme dentro, o ponerla al borde de la cama y yo
mientras de rodillas en el suelo saboreando todo lo que había estado
provocando.
No sé a cuál de las dos estaba alterando más la situación,
pero yo no pude reprimirme las ganas de ponerme sobre su cara y dejar que se
recrease con la lengua en mi sexo. Apenas tardé segundos en llegar al orgasmo.
Lo mejor de todo es que ella llegó casi a la vez sin yo si quiera tocarla.
La destapé los ojos y nos abrazamos desnudas. Nos dijimos lo
mucho que nos habíamos echado de menos entre besos y nos pasamos el resto de la
tarde follando.
jueves, 17 de septiembre de 2015
A veces
La había echado tanto de menos…
Su forma de dormir ocupando toda la cama, dejándome un
pequeñísimo hueco dónde solo cabía de lado, sus ojos hinchados nada más
despertarse con esa sonrisa de niña tonta que se le ponía cuando le daba los
buenos días.
Echaba de menos sus caricias y sus repentinas muestras de
afecto. Decirle que tenía un día más cariñoso de lo normal y que ella se
mosquease y me dijese que siempre era igual.
Recordaba su olor… Que se quedaba impregnado en mi ropa y en
mis sábanas
Me empezó a gustar el café solo cuando venía de sus labios,
me sabía a casa.
Me encantaba cuando se ponía pedo y sonreía, sonreía mucho y
olía a cerveza y me besaba y abrazaba, como si no quisiese que me marchase
nunca.
Me gustaba ella. Cada milímetro imperfecto de su cuerpo.
Cada cosa que hacía y cada reacción que tenía ante el mundo…
Joder, era perfecta.
Pero ahora no sé quién es…
A veces las confundo, a la antigua y a la nueva y por un
momento pienso que todo podría ser igual. Igual que antes, igual de perfecto
martes, 8 de septiembre de 2015
jueves, 27 de agosto de 2015
los 10 pasos del olvido
1. utilizar el cuaderno
2. más y más empatía
3. perdonar (se)
4. sonreír (se)
5. proyecto conjunto
6. un agosto a gusto
7. escuchar música destructiva siendo arrastrado por el viento
8. escribir microrrelatos
9. controlar la memoria
10. luchar contra la inercia
2. más y más empatía
3. perdonar (se)
4. sonreír (se)
5. proyecto conjunto
6. un agosto a gusto
7. escuchar música destructiva siendo arrastrado por el viento
8. escribir microrrelatos
9. controlar la memoria
10. luchar contra la inercia
lunes, 24 de agosto de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)