lunes, 16 de marzo de 2015

tengo miedo

Tengo miedo de lo que necesita mi cuerpo tu cama,
de los viajes interminables en metro si no es "esperanza" el destino.
De no saber ya si te sueño más despierta o dormida.
De que la palabra idiota tenga otro significado
y que la perfección no lleve tu nombre

martes, 27 de enero de 2015

:(

Tenia miedo a crecer me decía,  y no pude no pensar en aquel personajillo de un cuento, que leí hace tiempo. Yo le dije que eso era un síndrome de Peter Pan, que se habían detectado muchos casos, que no se preocupase, que se pasaba en seguida.  Pero su respuesta me impresionó "no quiero curarme,  no creo que tenga que hacerlo, soy feliz asi". Y añadió " quiero encontrar a alguien que me salve  de convertirme en una persona mayor" fue en ese momento cuando me arrepentí de ser solo su confidente... me entraron unas ganas terribles de besarla y abrazarla, de mirarla a los ojos y prometerla que yo sería esa persona, que me encargaría de no dejarla convertirse en lo que no era ni quería ser, y que si me lo pedía, envejecería a su lado. Pero no pude, las piernas no me funcionaban y mi cabeza me mandaba señales de que eso no era coherente. Así que simplemente respondí: "deja de decir tonterías,  eso son chiquilladas y tu ya tienes 20 años". Se que la ofendí,  pude ver en sus ojos que algo se había roto por dentro. Pero no dijo nada, bajó la mirada y se fue.

Ya no la he vuelto a ver así,  tan cerca, tan mía.  Cuando me encuentro con ella siempre lleva gafas de sol, creo que es la armadura que ha decidido ponerse para no tener que cruzarse con gente como yo. Y yo, en cambio,  solo puedo pensar en lo jodido que ha sido perderla

lunes, 8 de diciembre de 2014

antiguos relatos

Me desperté y me asombré de la cantidad de luz que entraba por mi ventana. Miré el reloj ¿Eran las 12 ya? ¿realmente había dormido toda la noche del tirón? "Que bien me sienta no pensarte" me dije a mi misma en voz alta.

viernes, 7 de noviembre de 2014

martes, 14 de octubre de 2014

bloqueada

Nunca quise devolvértelos, se quedó demasiado de mi en ellos la primera vez que los leí. Y tengo que admitirte que a uno le cogí manía, mira tu que estúpido y simple, que hubiese pasado por otras manos y ser consciente de ello hizo que me enfadase con él y no querer relacionarlo con nuestra historia.

Releí lo que te había marcado en el libro, por un momento pensé borrarlo, pero pensé que si un día me habían hecho pensar en ti tenias derecho a saberlo. Y para que engañarnos, me siguen recordando a ti. Al final no voy a ser la única que sigue en tantas putas páginas.

Que casualidad,no? Que el día de nuestra
despedida definitiva, donde ya no nos ata nada la una a la otra, llueva, y yo, una vez más, vuelva a tener la sensación de que no solo llueve en el cielo.

Aunque no te lo creas nunca quise esto, pero si, puede que tengas razón y que sea una maldita zorra egoísta (eso lo añado yo)

Pero a fin de cuentas, que coño hago escribiéndote y que haces tu leyéndolo?

jueves, 26 de junio de 2014

y han pasado muchas cosas...

Lo dejé con la persona que daba sentido a mis mañanas, porque despertarme y ver que me había escrito antes de irse a dormir era lo mejor del día y me hacía feliz ¿sabes? Y lo dejé por que ya no la conocía, por que no sé si era la distancia o que otro factor que la habían convertido en otra persona y lo dejé por que ya solo recibía palabras de desprecio de su boca, y eso dolía joder. Dolía más que cualquier dolor físico que he sentido. 

Y no voy a mentirte, a ti no, lo dejé porque creí que había conocido a otra persona de la que enamorarme. Por que ya sabes lo que me gusta a mi enamorarme. Pero no hace falta que te diga a ti, querida, que no funcionó. Que dónde las dan las toman, pero ahí no había nada que dar, ni que recibir. Y me engañó, juro que consiguió hacerlo. Hizo que sintiese esa sensación, ya sabes, cómo si fuese especial, al menos me consuela saber que es una experta en hacerlo. Y me costó captarlo, para que vamos a engañarnos, ambas sabemos que yo de inteligencia emocional ando escasa.

Entonces apareció ella, "entretenimiento" hacía llamarse. Cómo si yo le dedicase mis palabras a cualquiera, que desagradecida. Apareció de la manera más inesperada del mundo y en el momento más inoporturno. Seguro que no hace falta que te recuerde como la conocí. Era algo grosera, descuidada, más tímida que yo, se que parece imposible, pero creeme, lo era, y muy borde cuándo quería. Creo que por todo esto me encantó.

Te prometo que fui poco a poco y lo intenté. Pero, cómo no, terminé huyendo. Sí, lo sé, una gilipollez, pero lo hice. Poco a poco. Joder, la necesitaba en mi vida. Pero llego un momento en que la huida no parecía tener retorno, por mí y por ella. Y la alejé, sí, también lo sé, fue todo culpa mía, que quieres, soy una cobarde.

Y se ha ido, dejando, como muchos lo llamarían, un "gran vacío". Y se que tu respuesta va ha ser "como todas", pero creeme, hacía tiempo que nadie me conocía así, que no dejaba conocerme así. Me daba mucho miedo lo vulnerable que me sentía con ella. 

Sí, yo también lo pienso, parece que sólo busco excusas para justificar la gilipollez que he hecho. ¿Que qué pasa ahora? Nada, supongo. Soñar en repetir este año una y otra vez, por que como tú bien me dijiste "la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados"

viernes, 13 de junio de 2014

el sol sale para todos


Juan Felipe tiene 20 años, complexión débil, cosa que no le ha preocupado nunca, ya que él solo piensa en cultivar la mente. La situación del país desde hace unos meses no es la mejor del mundo y en su casa le han dicho siempre que si estudia una buena carrera las tonterías de la política no podrán afectarle.

Vive en Zaragoza, desde hace poco más de un año, se mudó ahí cuándo empezó a estudiar Derecho en la universidad. Su familia, a la cuál puede considerársele de la media burguesía vive en Pamplona, una ciudad que ha apoyado el golpe de estado, del año 36, desde el principio.

Ni a él ni a su familia les ha importado nunca la política, su padre se ha dedicado siempre a apoyar a aquellos que podrían darle mayor beneficio y por eso ahora está en la posición en la que está. Solo el hermano de Juan Felipe, Jesús Ángel es el unico enterado de todo lo que ocurre. Su padre se ha llegado a referir a él varias veces como la oveja negra de la familia. Hace ya 6 meses que se fue a Madrid a unirse a los republicanos, para como él dice “luchar en el verdadero bando”. Sólo tiene 17 años pero es todo lo contrario a Juan Felipe, alto, fuerte y con una gran sensibilidad social.

Juan Felipe ha cambiado mucho desde que se fue de casa. Sus nuevas amistades, que ha conocido en Zaragoza le han hecho darse cuenta de lo grande que es el mundo. Le han hablado de política, mujeres, de Francia, juergas y juego. Ha hecho varias amistades, pero nunca se despega de su mejor amigo José Luis. Como este año todas las cosas han cambiado las clases han terminado mucho antes de lo previsto, el curso ha durado apenas 6 meses. En lo único que piensan Juan Felipe y José Luis es en que tendrán un verano más largo. Tienen muchos plantes para estas vacaciones que están a punto de empezar. Lo más seguro es que pasen los primeros días de estas en la villa de la familia de Felipe, que tiene en las afueras de Durango.

Al final se ha unido a su viaje Carlos, un amigo que conocieron hace ya unos meses, un chico más preocupado en conseguir el mayor número de citas con chicas que de cualquier otra cosa. Los chicos han cambiado sus planes y piensan pasar primero unos días por Bilbao y luego ya subir a Francia, dónde les han dicho que la fiesta está asegurada.

Al pasar el límite de Aragón a Navarra les para la Guardia Civil, algo rutinario en esas fechas. Tienen que hacerles un control sobre lo que llevan encima y mirar sus documentos de identidad. Esto no les sorprende, cada vez esta más complicado viajar por dentro de España en las carreteras generales. Ellos bromean con la guardia civil que igual sería más fácil tirarse al monte con las cosas cargando que viajar en coche. Antes de terminar el control la benemérita les advierte que la situación está un poco tensa, que tienen que tener cuidado. Han llegado noticias de que los republicanos están intentando pasar el Ebro. Ellos le responden que no se preocupen, que en Navarra no entra nadie y muy pronto piensan ir a Biarritz y que si algo pasa, para cuando vuelvan todo estará solucionado.

Poco tiempo después del control se encuentran a un chico en medio de la carretera haciendo señas para que algún coche pare. Ni Juan Felipe ni José Luis están muy por la labor de recogerle, pero Carlos, que siempre ha sido el más animado y valiente de los tres les insiste para subirlo al coche. Se llama Jaime, se dirigía a Donostia desde Zaragoza pero el autobús en el que viajaba fue parado por un grupo de gente del pueblo armada, que no se fiaba. Les ofrecieron dar la vuelta o seguir andando hacia su destino, todos los demás dieron la vuelta.

Llegan a Dima, cerca de Durango, al atardecer. Están todos muy cansados aunque han ido turnándose para conducir. Así pueden aprovechar y llamar a Pamplona para hablar con la madre de Felipe y que les diga como está la situación, hace dos días le dijo a este que seguro que en 24 horas, Mola entraba en Bilbao. Harán noche ahí y saldrán mañana temprano. No quieren tardar mucho mas en llegar a su destino. Jesús Ángel les alarma de que no les queda mucha gasolina  y en la gasolinera de Dima dicen que la que hay es para las tropas, que no les dejan venderla. No saben qué hacer.

Jaime ofrece una alternativa para conseguir gasolina. Acercarse a uno de los pueblos próximos, ha oído que allí hay un gran mercado negro de gasolina, dónde es mucho mas cara, pero al menos  la venden. A ellos el dinero no les importa. Es Carlos, como siempre, quien da el primer paso diciendo que mejor eso, que no encontrar nada. Deciden ir andando, todavía hay mucha luz y si van con el coche se arriesgan a gastar lo poco que les queda. Antes de marcharse lo dejan entre unos árboles escondido, no vaya a ser que ,con cualquier excusa, se lo requisen.

Van por la carretera, siguiendo unas pocas luces de alguna casa del pueblo que se vislumbran a lo lejos.  Al llegar a pocos metros del pueblo las luces se apagan, no ven nada, ya no saben dónde están. Ya ha oscurecido y lo único que se oye son los ladridos de algún perro. Se quedan paralizados, no saben si seguir o retroceder hacia el coche.

Empiezan a sentir un terrible miedo. No saben bien hacia dónde se están dirigiendo, ni saben que les espera. Les parece muy sospechosos el apagón y el silencio repentino del pueblo. Empiezan a oír algo moviéndose en la maleza. Se agarran fuerte. No saben si salir corriendo o permanecer muy quietos.

Al grito de “alto por la República” los amigos se separan. Carlos sale corriendo rápidamente en el sentido contrario al que se ha oído la voz, Felipe y José Luis se quedan muy quietos y Jaime levanta el puño en la oscuridad a la vez que gritaba “viva la República”.

A los pocos minutos ya están rodeados por un grupo de aldeanos armados. No se ven sus caras muy bien pero por la complexión de las sombras que se vislumbran hay desde jóvenes de apenas 16 años hasta ancianos.

Les preguntan, mientras sienten a parte de su propio miedo, el miedo que tiene el grupo, que quienes son y a dónde se dirigen. Solo habla Jaime, que intentado congeniar con los aldeanos se inventa que son tres hermanos que quieren llegar a Bilbao para ver a su madre, que está gravemente enferma. Ellos desconfían y les dirigieren con empujones hacia el pueblo.

Al llegar al pórtico de la iglesia  el que parece el líder del grupo les dice que tienen que decidir que van hacer con ellos, que no quieren espías fascistas en el pueblo. Mientras lo debaten en la iglesia, les dejan en medio de la plaza custodiados por un joven de unos 18 años armado con una escopeta. En un silencio cómplice se miran los tres jóvenes y aprovechando que el que les vigila está algo despistado, pendiente de la conversación que sus vecinos mantienen dentro de la iglesia, se deslizan poco a poco fuera del atrio. En cuanto dan la vuelta a la iglesia comienzan a correr sin volver la vista atrás.

Mientras corren oyen un “alto o disparo” al que hacen caso omiso. Segundos después empiezan a oír disparos. Pero ya están demasiado lejos. Llevan ya un rato corriendo, se han perdido en medio del campo y se acaban de dar cuenta de que ya no son tres, que les sigue a lo lejos otra figura. Hasta que no se acerca lo suficiente no se dan cuenta de que es Carlos, que escondido entre unos arbustos les ha empezado a seguir después de su huida. Están los cuatro muy asustados.

Han perdido la conciencia de la hora y del lugar en el que se encuentran. Después de estar lo que les parece una eternidad caminando Jaime propone que el mejor lugar para dormir resguardado, es una cueva, que allí en Dima, recuerda que hay muchas. A todos les parece una idea aceptable, así que a la luz de la luna  empiezan a buscar un agujero entre las rocas. Encuentran la entrada de una de ellas y  para no perderse dentro deciden quedarse en la entrada y refugiarse con la hojarasca que allí se ha acumulado.

Cuando Carlos se dispone a juntar unas cuantas hojas para taparse con ellas y no pasar frío descubre un bulto caliente. No distingue bien si se trata de una persona o un animal. En principio piensa que es una oveja, así que vuelve a tocarlo y ve que no tiene lana. Susurrando alarma a sus amigos de que no están solos en la cueva. Todos se lanzan encima del cuerpo inmóvil y ven que cerca de él empiezan a moverse otras hojas. Después del susto y unos cuantos forcejeos todo se aclara. Son otros tres jóvenes, dos hermanos y un vecino, Pedro, Ignacio y Francisco, están también escondidos pero no saben muy bien de quién, ya que no saben en que territorio están. Aunque ellos si dicen que han visto pasar camiones con tropas durante el día y han escuchado bombardeos. Han escapado del pueblo para evitar que les reclutasen para el ejército nacional. Salieron de su casa hace ya casi una semana y no les quedan víveres. Ellos les informan que cerca de allí está el monasterio de Berriz, un convento de clausura, que tiene molinos, ganado y que con suerte las monjas les podrán acoger y que seguro que desde allí podrán contactar con sus familias.

Ya son siete, demasiados. Deciden salir antes del amanecer para no ser vistos aprovechando que la noche por allí cerca ha sido relativamente tranquila.

Cuándo llegan, acaba de salir el sol, lo primero que ven es la iglesia, un edificio imponente del monasterio, y por detrás la lavandería, dónde hay tres monjas colgando hábitos recién lavados. Se miran y parece que todos piensan lo mismo: la mejor forma de pasar desapercibidos es vestirse de monja. Para eso se lanzan a inmovilizar a les tres religiosas que están realizando sus tareas, intentado derribarlas rápidamente, no vaya a ser que griten y monten un escándalo.

Salen todos en tromba, se lanzan contra ellas y cuándo ya las monjas están en el suelo se dan cuenta de que son tres mozos que les indican que guarden silencio, llevándose el dedo a los labios. Extrañados les preguntan que qué está pasando ahí. Estos les explican que al huir de la guerra se encontraron con el monasterio, las monjas, como no sabían que hacer, les dijeron que la única forma que tenían de ayudarles era que ingresasen en el convento, para ello debían hacerse pasar por hermanas. El problema está en que todas las mañanas temprano, suele pasar el comandante de los nacionales con una patrulla que le protege, para oír misa. Ellos llevan allí quince días, y todavía nadie se ha percatado de su presencia, ya que cuando llegan se quedan en la parte del coro y hacen que leen el misal tapándose la cara.

Aunque todos están un poco desconfiados el miedo puede más que el ridículo. Se visten rápidamente y se limpian los zapatos para quitarse el barro y se remangan los pantalones para evitar que se vean por debajo del hábito. En fila y con gesto de oración se dirigen hacia el coro, dónde ya están las monjas rezando maitines. La madre superiora al verles entrar, mira desconcertada como los tres que había acogido se han transformado en diez, pero asiente con la cabeza y no dice nada. Fuera, mientras tanto, se empiezan a oír el ruido de los vehículos y las voces militares, que se acercan. Hasta que se abre la puerta de la iglesia y entra el comandante, seguido de unos quince soldados con aire muy marcial, que se sientan en los primeros bancos, justo cuándo empieza la misa.

En ese momento Francisco, que lleva varios días en la humedad de la cueva empieza a toser de manera incontenible, con una tos nada femenina. El comandante, se vuelve y al comprobar que la tos no provienen de ninguno de sus hombres, mira al coro y eso provoca un revuelo. Ordena a sus hombres que suban rápidamente y vean que está sucediendo. Cuándo bajan con las diez monjas falsas, ya sin toca, el comandante, con una sonrisa fría en la boca, les dice a sus hombres que los lleven a todos a los coches.