Viniste autoproclamándote incendio,
queriendo acabar con todo lo que quedaba en pie.
Sin darte cuenta que nada había
desde la última vez que te fuiste corriendo.
Me pides dos besos y unas cañas.
Como si no supieras que perderme contigo
es lo único que quiero y puedo darte.
Como nunca fui de palabras claras
te inundo el móvil de poesía de Starbucks,
para repetirte lo de siempre:
que te quiero
y que aunque tenga dos hermanos,
nunca fui de compartir mis cosas.
Como adolescentes borrachas
intercambiamos mensajes de una amistad exaltada que no es real.
Que a ti te sirve y a mi me calma,
pues al menos sigo hablando contigo.
Pero como ya estoy cansada de quedarme con las ganas o con la culpa,
te lo repito,
por si con tanta palabra absurda se ha perdido el mensaje:
te quiero.
Y aunque esta vez no haya respuesta,
ya no la espero.
Pues no es un te quiero conmigo,
es un te quiero en mis sueños y no en mis pesadillas.
Como siempre contemplo tu huida
desde el séptimo diluvio.
Hasta el olor de mis sábanas se ha ido contigo
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