que nadie detectaba.
En dos cuerpos abrazados desnudos a oscuras,
que solo podían leerse en braille.
La había en los mensajes ahogados en alcohol
a las 4 de la mañana.
Cuando se despertaban un poco antes
solo por ver a la otra dormida.
Había magia en las formas que se decían te quiero,
sin tener que usar palabras.
Cuando se vestían corriendo
porque alguien llegaba de imprevisto.
Había magia en su sonrisa
que era una constante.
En el vaho que se quedaba en las ventanas del coche
cuando se fundían juntas en invierno.
En las caricias bajo la mesa
desde el primer día.
En los besos robados.
En los abrazos
que recomponen el alma.
Incluso la había en las lágrimas derramadas.
Porque eso es lo que era ella, pura magia .