martes, 4 de octubre de 2016

Contestaciones a des tiempo

Me gusta cuando llenas tus días de alegría solo con una sonrisa.
Me gusta cuando cocinas conmigo y de improvisto me tocas el culo o me coges por detrás y me llenas de besos.
Me gusta cuando me das la espalda solo para que te de mimos.
Me gusta decirte que te quiero de mil maneras sin tener que usar palabras.
Me gusta cuando despiertas a mi lado y aún con los ojos cerrados me das los buenos días con un beso.
Lo que no me gusta es cuando me mareas. Cuando no sé qué es lo que quieres y ya no sé qué pensar ni qué piensas. Cuando con una sola frase derrumbas todo lo que ya he construido.

sábado, 27 de agosto de 2016

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Yo quería enseñarla a volar
Compartir mis alas con ella
Y lanzarla desde el punto más alto del cielo

Mostrándole
Que las caídas en picado también son vuelo

lunes, 22 de agosto de 2016

A ti, que te conozco

Te conozco, nos conozco. 
Sé que no superásemos esto. 
Hace tiempo que lo pienso pero no me he atrevido a decírtelo. 

Porque nos conozco sé que esto es una despedida de corazón roto. 
Tú mirarás la estación vaciarse en silencio y yo, lloraré mirando por la ventana del tren. 

Como te conozco sé que la próxima vez que nos veamos serás muy feliz. 
Llevaras cosida contigo tu sonrisa, pero esta vez ya no será una fachada que tape la verdad.

Conociéndote sé que me dirás que desconocerme es lo mejor que te ha pasado. 
Que la vida era otra cosa y no lo que transcurría entre lagrima y lagrima. 
Que esta no debía  merecer la pena, si no las alegrías. 

lunes, 30 de mayo de 2016

6

Tengo que admitírtelo

Me dejé llevar por la lluvia

Abrí la ventana y dejé que el pecho
se me inundase de recuerdos
De tu olor
y de tus besos

Arrastró las últimas sonrisas que me quedaban
y me quedé esperando tus mensajes.

Aferrada a un móvil que nunca sonaría
A una sonrisa
que ya no llevaba mi nombre

jueves, 7 de abril de 2016

La vida que me perdí sin mi


 Me negué a convertirte
En un recuerdo más de mi vida.

En dedicarte mis noches
En vela,
En que mis borracheras
Llevasen tu nombre
O en que fueses la protagonista
De mis pesadillas.

Me aferré a la idea
De que no podías ser
un amor frustrado.
Una idea
Que no parase de dar vueltas
En mi cabeza.

No pude imaginarte
En otros brazos.
Desaciéndote
En otras manos
O acostada
En otro pecho

No quise aceptar tu ausencia

Resignada en silencio
Contemplé tu huida
Y tu regreso
Y tu huida otra vez.

Reconstruyendo cada parte desmembrada
Intenté recomponerme.
Prometiéndome en voz alta
Que esta vez no ibas a llevarte
Todo.

Manteniendo una parte escondida
Con la que quedarme
Cuando te fueses
Para siempre.

Una vez más fallé en mi promesa.

Llegaste como un huracán
y arramplaste con todo.
No dejando nada en pie a tu paso.

Ahora
vienes con nuevas canciones.
Que harán temblar
paredes y ventanas.

Pero yo aún no he podido construir ni los cimientos.

lunes, 4 de abril de 2016

nueva


Caminaba a mi lado, pero no íbamos de la mano. Caminaba a mi lado, pegada a mi pero ya no quería tocarme. “Esto no va a terminar bien”, me repetía a mi misma. Reducí la velocidad de mi paso para alargar eternamente ese trayecto, como si así pudiese atrasar la conversación que inevitablemente íbamos a tener.

Llegamos al bar que tantas veces nos había visto ya llorar, reír a carcajadas o meternos mano por debajo de la mesa. Nos sentamos en una mesa alejada de la puerta y de la gente, como si quisiésemos más privacidad que de costumbre.

Se sentó en frente de mi, en vez de a mi lado como solía hacerlo. Nuestra conversación empezó de una manera muy banal, hablábamos del tiempo, de las clases de guitarra y de aquel verano en la playa que ya perecía olvidarse. Hablábamos de todo y de nada. Ella no estaba atenta a la conversación y yo no podía pensar en otra cosa que no fuera que me dijese lo que llevaba horas pensando.

“No quiero estar contigo” terminó soltándome en medio de mi descripción de la comida que me había hecho esa mañana. “He estado pensándolo y no puedo, bueno, no puedo y no quiero”. Se me llenaron los ojos de lágrimas pero dejé que continuara. “De verdad, que te quiero mucho, pero así no puedo”. El tiempo se paró por un momento. Ya no sabía si estaba en medio de un bar, de una pesadilla o que estaba pasando.

“No puedes dejarme, por favor” fue lo único que pude articular entre sollozos. Intenté agarrarle la mano, pero una mesa nos separaba y no llegaba a ella. Creo que ella también lloró, yo ya no veía entre tantas lágrimas y mocos. “Voy a irme ¿vale?” me dijo mientras se levantaba y cogía su abrigo. Le supliqué que se quedase, en el bar y en mi vida. Pero no quiso hacerlo. Recogió todas sus cosas y se marchó no sin antes prometerme que volveríamos a vernos.

Me quedé sola llorando. Sabiendo que la mesa de al lado comentaba mi situación y mi aspecto. Me quedé allí un rato, mirando a la nada y al móvil, como esperando un mensaje de arrepentimiento, como si ella fuese a volver a aparecer por la puerta. Pero eso nunca llegó.

Fue ese día justo en el que te conocí. En el que rota por dentro tuve la fuerza de conocer a alguien nuevo. Alguien que llegaría para salvarme y levantarme. Encantada de conocerte Aiala.